e-rph 22, jun. 18 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
  páginas | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7
e-rph nº 22, junio 2018
Estudios Generales | Estudios
 
 
Lavaderos públicos en la Granada del XIX según el Diccionario de Pascual Madoz (1845-1850): Conocimiento de un patrimonio
 
     

 

3. 4.- Lavadero público de Fuente Nueva: espacio urbano

De entre los múltiples lavaderos a los que acudían las granadinas a lavar destaca sobre todo el de Fuente Nueva, situado junto a la fuente del mismo nombre, en las inmediaciones del Triunfo. Las primeras informaciones que disponemos de este manantial natural, que posteriormente sirvió de abasto al contiguo lavadero, al menos durante la Edad Moderna y parte de la Contemporánea, nos las da Henríquez de Jorquera. Según el cronista del XVII la fuente se encontraba ubicada en una hondonada denominada hoyo de la fuente nueva (Henríquez, 1987:45).

A nivel gráfico aparece representada en la Plataforma de Vico, donde se aprecia plasmada claramente en el centro de un gran espacio abierto, limitado septentrionalmente por el Barrio de San Lázaro, al este por la monumental Puerta de Elvira y el lienzo de muralla que discurría hacia el sur de la ciudad, y al mediodía por un gran número de huertas, y entre ellas, el monasterio de San Jerónimo.




Ilustración 04. Ilustración 4. Detalle de la Plataforma de Vico con el nacimiento de la Fuente Nueva. 1613. [Archivo Histórico Municipal del Ayuntamiento de Granada. Fondo cartográfico / Signatura: 05. 001. 01].

El que fuera surtidor del lavadero, era una fuente que manaba naturalmente, y sus aguas que nacían debajo del Triunfo, eran muy celebradas por la población granadina debido a sus magníficas propiedades digestivas y terapéuticas, y a su gran pureza (Henríquez, 1987:45). Su caudal, según consta en las actas capitulares de la ciudad, se canalizó entre los años 1556 y 1557 con el fin de abastecer a la ciudadanía (López Guzmán, 1987:550). Tanto Gómez-Moreno González, como Gallego y Burín (Gallego, 1996:297), mantienen estos años en sus publicaciones como los del encauzamiento del manantial, aunque el primero data la construcción de la primera fuente ornamental en piedra en 1616, argumentando que: “Anteriormente estuvo en un hoyo, como se ve en el plano de Vico” (Gómez-Moreno, 1998:356). La primera estructura constructiva de esta fuente según Jorquera, era una fuente redonda, compuesta de dos pilas superpuestas. La taza superior recogía las aguas vertidas por cuatro caños, mientras que la inferior servía de mar o estanque, y era practicable por todos sus frentes, encontrándose a un nivel inferior del suelo, por ser un nacimiento (Henríquez, 1987:45).

El mismo cronista nos informa que en 1616 el Cabildo municipal decidió trasladarla al Callejón de las Eras de San Jerónimo. Por su parte Gallego y Burín mantiene que la primitiva fuente “se llevó delante de la puerta de Elvira”, construyéndose en su lugar una nueva fuente en esa fecha (Gallego, 1996:297). El traslado de la fuente originaria a las inmediaciones de Elvira también es argumentado por López Guzmán, trasvase que comportó un cambio en su diseño, pues la fuente se transformó en una estructura de dos pilas rectangulares, cada una con dos gruesos caños, habilitándose la primera para los aguadores, y la segunda, de mayores dimensiones, como abrevadero para el ganado y bestias de tiro y carga (López Guzmán, 1987:550). Lucía Águila García, por su parte, sostiene que la fuente de planta circular, efectivamente se mudó a este emplazamiento, pero conservando su fisionomía primigenia, encauzándose posteriormente, el agua de la Fuente Nueva, hasta el callejón de la huerta de San Juan de Dios, donde se edificó un pilar para uso de la vecindad.

De este modo, el primer dato documental de esta construcción pública, proviene del año 1777, de un expediente del Juzgado de las Aguas de Granada, en el que el maestro fontanero, Francisco Machuca informa a esta institución de la rotura del pilar de Fuente Nueva, que con el lavadero y abrevadero contiguos, formaban un conjunto hidráulico muy demandado en esta parte de la ciudad. Entre diversas disposiciones, Machuca expone en su discurso, que estas infraestructuras hídricas venían a satisfacer las necesidades de consumo de agua de la población y de las muchas caballerías que a ella acudían a beber, de ahí la urgente necesidad de componer los desperfectos que presentaban:

“El nominado pilar és publico para todo el varrio de San Lazaro, Huertas, Cortijos y caserios de esta ciudad y para otros varios vecinos de ella que quieran de beber su agua y para muchas cavallerias, y después hay otro Pilar lavadero publico de mucha clafe de jentes […]. Que el pilar de la Fuente nueva que se trata de componer, es el mas principal que ay en esta ciudad para el Abasto de uso publico de toda clase de Jentes, y para el socorro de lavar las rropas muchas familias pobres […] por lo que es mui util su composicion, por lo que los Ynteresados que deben contribuir a dicha obra son los caudales públicos”(21).

Además, gracias a la información aportada por el maestro fontanero encargado de las aguas del manantial de la Fuente Nueva, conocemos que el lavadero se encontraba en el momento de su denuncia, en una situación de conservación penosa y con las pilas destrozadas, no pudiendo “las Pobres lavanderas lo que nezesitan en el”, recomendando la sustitución de éstas por otras nuevas de cantería, de vara y media de ancho, fabricadas en piedra procedente de la cercana sierra de Alfacar(22).

Del Setecientos, el proceso de reconstrucción histórica de este lavadero, nos conduce a 1839, año en el que encontramos un apunte archivístico en el que se daba cuenta del presupuesto de gastos para su composición. El informe, presentado por el fontanero municipal Francisco Ibáñez, ascendía a un importe total de quinientos diez reales. Así mismo se comunicaba a Romualdo Jiménez de este arreglo para que visitase el lavadero, lo examinara e informase de todo cuanto se le ofreciese(23). Nuevamente en 1843 encontramos información concerniente a reparaciones en el lavadero de Fuente Nueva, en la que se propone su cubrición, para resguardo de las muchas lavanderas que a él concurrían:

“Que se componga el labadero de la Fuente Nueva y se coloquen cobijas. Habiendo decretado por el Sr. Alcalde Presidente á consecuencia del aviso dado por el encargado en la Fuente nueva, D. Antonio Cervantes, haberse derribado parte del labadero publico de la misma Fuente, que por el Arquitecto D. José Contreras se practique un reconocimiento y presupuesto del costo de la obra, lo egecuta manifestando que es conveniente la separación con cantería de piedra franca, que se amplíe el mismo receptáculo por concurrir a el muchas lavanderas, y que se cubra de agua, todo lo que ascenderá a la cantidad de cuatro mil doscientos cincuenta y cuatro reales. Se acordó la autorización competente del Cuerpo Municipal para la ejecución de esta obra, se pida del Arquitecto que la ha proyectado, un diseño sencillo del aspecto que deberá ofrecer la cubierta del mismo receptáculo, advirtiéndosele que en vez de los pilares de ladrillo que presupone para su sostenimiento han de colocarse de cantería de la Sierra de Ezcúzar, y que para cuando se egecute y obtenga el beneplícito del Ayuntamiento, quedan comisionados para propuesta en ejecución los Sres. Morón”(24).

Curiosamente el dato y la fecha del techado del lavadero de Fuente Nueva, como ya se indicó, aparecen recogidos por Madoz en su Diccionario. No hemos tenido la oportunidad de localizar el proyecto de remodelación de José Contreras para esta infraestructura pública, pero gracias a estas referencias conocemos que dispuso de columnas de piedra de la Sierra de Escúzar. Cronológicamente la siguiente noticia documental procede del año 1876, en cuyo expediente se ordena desmontar, a instancias de Cecilio Díaz de Losada, la cubierta y, además, apuntalar una de sus columnas, por presentar signos de deterioro, la base que le daba apoyo(25).

De nuevo en 1892 encontramos un documento correspondiente a una intervención municipal en esta construcción, en el que se ordena destinar, a propuesta de Luis Lauson, las losas sobrantes dispuestas en la pavimentación de la acera de la Carrera del Genil, para reparar el piso del lavadero de la Fuente Nueva. Aparte de emplear este material en este inmueble, en el caso que lo hubiese, también se habilitaría en las aceras del costado del Escudo del Carmen de la Casa Consistorial, en las fachadas de la Alhóndiga e iglesia de San Justo, así como en la pavimentación de la Alcaicería, y en la obra de las atarjeas laterales del Paseo de la Bomba(26). La última nota documental de este lavadero pertenece a principios del siglo XX, al año 1910, y una vez más hace alusión al restablecimiento de su estructura y a sus componentes de abastecimiento y desagüe. El 21 de septiembre de ese año José Cantón, guardia municipal de la parroquia de San Justo, comunica, que el darro principal que pasaba por el lavadero público de la Fuente Nueva, y al que servía para evacuar sus aguas residuales, había reventado y levantado la acera de cemento portland. Como consecuencia de estos hechos, el agua subterránea, había minado las columnas que daban soporte a la techumbre del lavadero, que amenazaba derrumbe.




Ilustración 05. Ilustración 5. Lavadero público y abrevadero de Fuente Nueva, h. 1890-1900. Autoría desconocida. [Archivo Histórico Municipal del Ayuntamiento de Granada. Fondo fotográfico. Signatura: 00.015.14].

Al día siguiente Cecilio Navarrete, notifica al Ayuntamiento los daños ocasionados, consistentes, en la destrucción de las gradas que daban acceso al lavadero y a la contigua fuente de la que éste se nutría, y en la ruina de gran parte del pavimento. El Consistorio ordenó la reparación de estos destrozos por un coste aproximado de 100 a 125 pesetas(27).

Atendiendo a las reseñas documentales y a las fuentes gráficas podemos caracterizar dicho lavadero, como una estructura adintelada de planta rectangular, soportada, en uno de sus lados mayores, por cuatro columnas pétreas sobre altos pedestales con labores de talla, mientras que el segundo, se adosaba al muro de cierre encalado de una huerta contigua, mediante pilastras de ladrillo en igual número.

Como se ha expuesto, las columnas de este lavadero, al menos a partir de la segunda mitad del XIX, provenían de la localidad de Escúzar, en la llanura del Temple. Dichos soportes se alzaban sobre plintos rectangulares de gran desarrollo, con cuarterones en sus cuatro lados vistos, mientras que el resto de sus componentes mostraban labor de cantería sencilla, intuyéndose los capiteles en estilo corintio simple. El edificio, abierto en tres de sus lados, asimismo se techaba con cubierta dispuesta a cuatro aguas. Imaginamos que interiormente el tejado estaría configurado por una armadura de vigas de madera, pues el dintel que descansa sobre las columnas y pilastras es de este material. El exterior de la techumbre, según puede apreciarse en las fotografías decimonónicas que documentan esta edificación, estaba compuesto de teja de barro morisca.




Ilustración 06. Ilustración 6. Lavadero público de Fuente Nueva y Fábrica de pólvoras El Refino, h. 1890-1900. Autoría desconocida. [Archivo Histórico Municipal del Ayuntamiento de Granada. Fondo fotográfico. Signatura: 00.015.14].

A pesar de la sencillez de sus componentes, el edificio estaba dotado de cierta monumentalidad, gracias a la naturaleza pétrea de sus elementos sustentantes, y a la esbeltez de los mismos. En el empleo de estas piezas constructivas, puede apreciarse una cierta preocupación, por parte de las autoridades locales granadinas, de dotar a estas infraestructuras, de unas condiciones mínimas de ornato, higiene y habitabilidad, en un espacio de encuentro y de trabajo, netamente femenino. Si las fuentes gráficas de la época permiten apreciar la configuración externa y la naturaleza de los elementos arquitectónicos que componían el lavadero, su disposición interna es una pura incógnita.

Documentalmente, al menos conocemos, que en el último tercio de la centuria del Setecientos se colocaron pilas elaboradas en piedra franca de la sierra de Alfacar por recomendación del maestro fontanero de la Fuente Nueva de ese tiempo. Es el único dato, de sus componentes internos, que conocemos, junto con el que fue solado a finales del XIX. Ignoramos el número de pilas con las que contaba, y si éstas fueron remozadas a lo largo de los años, aunque imaginamos que sí, debido al desgaste al que su función las sometía, máxime cuando este era uno de los lavaderos más concurridos y animados de la ciudad. Por la disposición que ofrecen las borrosas imágenes de las siluetas de las lavanderas en torno a la pila, agazapadas y en fila, y aunque sea aventurado sostenerlo, se podría manifestar, que era un lavadero en canal. Es decir, un receptáculo central y rectangular en torno al cual se organizaría la estructura porticada del edificio, por el que discurriría el agua mediante un conducto abierto. En los extremos largos de este estanque se habilitarían las pilas talladas en la roca, de forma inclinada, hacia esta vía de agua, y en las que las mujeres podrían lavar las ropas.

El lavadero de la Fuente Nueva, junto con el pilar con el que compartía denominación, eran arquitecturas del agua muy necesarias durante las Edades Moderna y Contemporánea. A lo largo de todo el siglo XIX, y la primera mitad del XX, los pilares en la vía urbana granadina eran mucho más que meros elementos ornamentales. Estas infraestructuras estaban concebidas como instrumentos con los que abastecer de agua corriente a los ciudadanos que no la poseía en el interior de sus casas, de forma, que muchos de ellos, y principalmente las mujeres, acudían a ellas varias veces al día con cántaros (Águila, 2003:84). Además de satisfacer las necesidades humanas, daban de beber a los animales de carga que llegaban a la ciudad cargados con mercancías para vender, y al mucho ganado caprino y bovino que campaba a sus anchas por las calles de la cuidad.

La zona de Fuente Nueva era un punto de confluencia de caminos, del que partían las vías que se adentraban en la Vega hacia poniente (Jerez, 2001:109), por lo que su pilón contaba con un abrevadero muy desarrollado, al que llegaban las carretas tiradas por mulos y bueyes cargadas con productos de la tierra, de las cercanas huertas y de los campos de cultivo de cortijos, caserías y pueblos de la comarca (Belza, 1989:34).




Ilustración 07. Ilustración 7. Lavadero público y pilón abrevadero de Fuente Nueva, h. 1890-1900. Autoría desconocida. [Archivo Histórico Municipal del Ayuntamiento de Granada. Fondo fotográfico. Signatura: 00.015.14].




Ilustración 08. Ilustración 8. Lavadero público y pilón abrevadero de Fuente Nueva, h. 1890-1900. Autoría desconocida. [Archivo Histórico Municipal del Ayuntamiento de Granada. Fondo fotográfico. Signatura: 00.015.14].

páginas | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7

 
     
Universidad de Granada
Departamento de Historia del Arte
Observatorio del Patrimonio Histórico Español
Proyecto de Investigación de Excelencia HUM 620
Dpto. Hª del Arte - Facultad de Filosofía y Letras - Universidad de Granada - Campus Universitario de la Cartuja, s/n - 18071 Granada (España) Tel. 650 661 370 - 958 241 000 (Ext. 20292) - Fax 958 246 215 - info@revistadepatrimonio.es

Licencia Creative Commons
Revista de patrimonio e-rph por www.revistadepatrimonio.es se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported. Permisos que vayan más allá de lo cubierto por esta licencia pueden encontrarse en www.revistadepatrimonio.es.
Diseño web y posicionamiento SEO Logo Alto Servicios