e-rph 22, jun. 18 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 22, junio 2018
Difusión | Estudios
 
 
Educación no formal y patrimonio cultural: concursos y otras convocatorias institucionales en Castilla y León
 
    

 

En la clasificación temática(23), se ve con claridad el predominio de los bienes religiosos (más concretamente de la Iglesia Católica), que representan el 47% del total. En segundo lugar (25%) están edificios civiles. De mucha menor relevancia son el resto de temas que incluyen localidades o conjuntos monumentales, sitios arqueológicos, un apartado industrial y otro etnográfico. Aunque no se cuenta con datos precisos del conjunto de trabajos presentados, existe una referencia esquemática de los tipos de bienes sobre los que se ha trabajado (Garrote, 2013a: 9) que no difiere demasiado en sus porcentajes de lo que refleja nuestra tabla(24).

Si a lo anterior se une que en la datación de los bienes premiados resulta abrumadora la importancia del periodo medieval y moderno (80%) frente al resto, parece clara la preponderancia de una imagen de Castilla y León como un territorio anclado en una época y una mentalidad concretas y alejadas del momento actual. Es difícil valorar aquí esta impresión, que pudiera venir influenciada por los planes de estudio y por el propio modelo de promoción cultural y turística que desarrollan las instituciones regionales.

[Tabla 5]

Un último elemento que no queremos dejar de mencionar es que si entre 2001 y 2014 participaron 260 equipos de estudiantes (con cerca de 2.000 alumnos participantes y 483 profesores), los que merecieron premio durante ese mismo periodo fueron 117 de ellos(25). Esto da una idea de que, pese a lo interesante y provechoso de la iniciativa, tuvo una escasa incidencia en el ámbito regional, con sólo 19 equipos participantes de media cada año, dándose además una reincidencia en muchos de los tutores de los equipos de trabajo (Fontal, 2013a: 57). Ello permitía que un alto porcentaje de los presentados consiguieran alguna distinción.

Este concurso desapareció en 2014, cuando a finales de ese año la Fundación de Patrimonio Histórico de Castilla y León se fusionó con la Fundación Santa María la Real. No obstante, en 2016 la nueva Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico recuperó la esencia de este concurso a través de los “Premios Patrimonio Joven, Patrimonio de Futuro”, que ahora convoca en colaboración con la Fundación Villalar. Sus bases siguen siendo prácticamente las mismas –ya no existe la obligación de ceñirse a la provincia de origen–(26), sin embargo ha desaparecido cualquier referencia a que los bienes del Patrimonio Cultural elegidos vayan a recibir ningún tipo de consideración especial en cuanto a las iniciativas de protección, conservación o divulgación que emprenda la Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico, que era uno de los elementos más relevantes de este concurso. Y ello pese a que uno de los elementos de valoración del jurado sigue siendo la presentación de una “propuesta de futuro” viable e innovadora para el bien cultural estudiado. Por lo demás el desarrollo de la iniciativa ha supuesto una similar capacidad de convocatoria a la que tuvo su precedente: en 2016 se preinscribieron 66 equipos, aunque sólo 30 completaron el trabajo, y en 2017 fueron 47 los inscritos y 20 los que presentaron el trabajo.




Ilustración 05. Ilustración 5. Presentación de la convocatoria del Concurso Patrimonio Joven de Futuro 2017. Fuente: Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico (FSMLRPH). Con permiso para su publicación en e-rph, Revista Electrónica de Patrimonio Histórico.

6.- Consideraciones finales

El actual hiperdesarrollo de las actividades culturales incide de manera importante en la estructura y organización de la sociedad moderna, dando significado a muchas de sus prácticas. En este contexto diversas instituciones procuran conseguir y legitimar determinadas formas de autoridad a través de la cultura, con lo que mediante una manipulación intencionada logran convertirse en una relevante fuerza pedagógica (Giroux, 2001: 17-8). Esto llega también al ámbito de la educación de los jóvenes. La interpretación del patrimonio que se propone a través de talleres y concursos ha de verse como parte de las relaciones entre individuos, en este caso escolares, y bienes culturales (Fontal, 2008). Pero además se debe valorar que pueden aportar claves para comprender ese patrimonio y sensibilizar a los niños y jóvenes de su importancia, puesto que eso será lo que posibilite la formación de las identidades (Fontal, 2013a).

Cabría interpretar las prácticas que hemos comentado como generadoras de identidad. Constituyen una labor semejante a la de la animación sociocultural como proceso de intervención educativa sobre las comunidades para generar transformaciones que buscan mejorar la calidad de vida y la capacidad de los individuos y de grupos determinados. El problema viene de la apropiación de esta labor educativa por parte de las Administraciones Públicas y el condicionamiento de la sensibilización creada (Úcar, 2008). Se generan cauces de pedagogía cultural en los que la cultura es empleada por el poder como una herramienta educativa, política y económica (Giroux, 2001: 133).

Pese a la abundancia y heterogeneidad de iniciativas, su alcance resulta bastante limitado tanto desde el punto de vista del aprovechamiento personal de los estudiantes como del interés de los centros escolares. Se programan actividades con unos criterios que manipulan de forma intencionada la imagen que quiere darse del Patrimonio y no se da cabida a discursos críticos. Sólo en un concurso hemos visto que los participantes pueden intervenir en las políticas generadas desde la institución convocante. De este modo queda sólo en las manos de los educadores y otros trabajadores culturales hacer visibles las maniobras del poder dominante y estimular la reflexión y discusión dentro de una concepción comprometida de la vida de los ciudadanos.

No obstante, resulta desolador el panorama de la respuesta que las instituciones dan a la participación de los escolares a través de la convocatoria de diversos concursos y premios. Hemos visto que la posibilidad de señalar enclaves históricos y artísticos relevantes que pudieran ser favorecidos en la ejecución de iniciativas de recuperación era mínima y ahora ha desaparecido por completo. La constante alusión a la “sensibilización de los jóvenes”, y la valoración de su capacidad, su reflexión crítica y su iniciativa queda en una mera declaración de principios, pero no se tienen en cuenta sus propuestas en las directrices de las instituciones ni órganos gestores. Todo queda pendiente de que esos jóvenes crezcan, alcancen puestos de responsabilidad y mantengan algo de aquella sensibilidad original.

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