e-rph 19, dic. 16 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 19, diciembre 2016
Intervención | Estudios
 
 
De lo inexpugnable a lo accesible: correlación entre valores patrimoniales y turismo en los castillos de la Red de Paradores | María José Rodríguez Pérez, Javier García-Gutiérrez Mosteiro
 
     

 

1.- Introducción

La adecuación museística de monumentos y yacimientos arqueológicos ha sido una de las formas de intervención patrimonial para uso turístico más frecuentemente utilizadas a escala internacional. Estas actuaciones, que convierten el inmueble en el objeto de interés, requieren casi siempre acciones mínimas para indicar los recorridos de la visita; y su mayor concesión puede ser el establecimiento de un centro de interpretación en el propio edificio o en algún lugar próximo.

A priori, el modelo museístico aplicado al monumento resulta menos forzado que la inserción de otros usos más especializados, en los que el valor patrimonial del inmueble se podría ver seriamente comprometido. Sin embargo, desde la óptica de facilitar la accesibilidad para un turismo de masas, ambas formas de intervención pueden forzar la lógica del elemento patrimonial o de su entorno (y con ello su propia esencia).

En España, una de las más señaladas acciones gubernamentales en conservación del patrimonio arquitectónico a través de la gestión del fenómeno turístico ha sido la seguida por la red de Paradores: cadena hotelera estatal que cuenta con una pionera y larga trayectoria de reúso de inmuebles históricos para fines diferentes al de edificio visitable o al de mero contenedor de objetos “musealizados”.

La acción económica de la administración turística española, como empresa hotelera, ha sometido los inmuebles reutilizados al cumplimiento de la normativa específica que identifica los hoteles con una actividad calificada. Dentro del conjunto de normas que deben cumplir estos establecimientos se encuentra la de accesibilidad, que ha cobrado un significado especial en el acondicionamiento hostelero de edificios históricos, tanto en su aplicación interna como en la de su entorno.

Las construcciones de carácter defensivo han sido el tipo arquitectónico más repetido de la red de Paradores, a pesar de presentar las características más alejadas de los planteamientos de la accesibilidad universal, entendidas en un sentido estricto; aunque, como contraprestación, alojarse en un castillo conlleva un gran atractivo simbólico.

La búsqueda de un equilibrio entre la articulación del valor patrimonial y la accesibilidad de monumentos —identificado hoy con la tan recurrente idea del “turismo inclusivo”— constituye una pugna en la que el patrimonio no siempre resulta beneficiado.

2.- Entorno y accesibilidad: dos recientes conceptos en la gestión del patrimonio

Entre las significativas ampliaciones del concepto de patrimonio habidas en el siglo XX hay dos, muy relevantes, que hacen al caso que nos ocupa: la que amplía la escala del edificio con la de su entorno y ambiente (urbano o paisajístico); y la que, extendiendo la idea de propiedad de los bienes culturales —desde manos particulares a concepciones cada vez más amplias—, conlleva la idea de disfrute y accesibilidad a ese bien patrimonial.

Respecto a la primera, reparemos en lo que ha supuesto tal transformación: de la idea de “monumento” aislado, en su realidad arquitectónica, se ha avanzado hacia la del edificio en su contexto, contemplando éste como valor patrimonial. Esta extensión —aunque ya presentida desde la reflexión disciplinar sobre los rápidos cambios de las ciudades históricas en el siglo XIX— fue sistematizada y difundida ampliamente por Gustavo Giovannoni. Éste, figura central en la conformación de la idea contemporánea de patrimonio y en la redacción de la Carta de Atenas (1931), hizo una fundamental contribución al incidir en la cualidad del ambiente como parte integrante del monumento y —siguiendo los principios de Sitte— en sus valores perceptivos (Giovannoni 1913).

Frente a la entonces tan vigente práctica del aislamiento de monumentos(1), Giovannoni defendió su idea del “ambientismo”; esto es: la correlación entre una obra y las que la rodean, la “armonía artística” entre las manifestaciones colectivas y las manifestaciones singulares (Giovannoni 1925). Este principio, desarrollado en paralelo por Torres Balbás (1919), nos resulta esencial para el entendimiento de la contemporánea salvaguardia del patrimonio; con él, cerrando un ciclo histórico, se supera la tradicional idea de los “monumentos histórico-artísticos” limitados a su materia y escala arquitectónica: junto a los monumenti grandissimi –el monumento en su ensimismada ejemplaridad– se alcanza el concepto de las “arquitecturas menores” y de acompañamiento, el concepto de los “monumentos de ambiente”.

Las ideas proteccionistas del entorno permanecieron y se desarrollaron en las sucesivas cartas internacionales, desde la de Atenas (1931), y regulaciones acerca de la conservación patrimonial; y es significativo que uno de los aspectos menos contestado actualmente de la Carta de Venecia (1964) sea, precisamente, el que se refiere a la recuperación, protección y revitalización del monumento en su ambiente.

A pesar de tantos casos en que los centros históricos han seguido siendo contemplados como campos de experimentación ajena a las preexistencias ambientales (como “palestra para ejercitaciones urbanísticas de carácter académico”, decía De Angelis d’Ossat) (1944 [1995]: 58), en nuestros días se ha superado —o eso queremos esperar— la etapa de las grandes demoliciones de las arquitecturas “de acompañamiento” en los conjuntos monumentales. El riesgo, ahora, no parece centrarse tanto en el aislamiento físico, en la ruptura del entorno material, cuanto en un tipo de aislamiento que podríamos denominar “conceptual”. (Se tratará, más adelante, de algunos casos significativos y no exentos de paradojas).

Apuntemos, en segundo lugar, algunas reflexiones sobre la otra extensión del concepto contemporáneo de patrimonio a que nos hemos referido: la que, mirando a la ampliada propiedad de los bienes culturales, articula la obligación de la preservación con el derecho al disfrute del bien y, por tanto, a su accesibilidad.

El hito transcendental de la Revolución Francesa, junto a marcar el inicio de nuestro período histórico, define también el comienzo de la contemporánea cultura de salvaguardia patrimonial. El hecho de que, por primera vez, la Res Publica obtuviera la propiedad de los bienes patrimoniales que habían pertenecido a poderes privados (la Corona, la aristocracia, la Iglesia) propició una cadena de prácticas políticas y técnicas encaminadas a conocer, clasificar y —en su caso— conservar o restaurar los bienes patrimoniales.

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