e-rph 22, jun. 18 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 22, junio 2018
Estudios Generales | Estudios
 
 
Lavaderos públicos en la Granada del XIX según el Diccionario de Pascual Madoz (1845-1850): Conocimiento de un patrimonio
 
     

 

La importancia del pilón y del abrevadero de Fuente Nueva, en relación con el lavadero, estribaba en la disposición espacial de las dos primeras estructuras con respecto a la segunda. La colocación sobre el terreno de este conjunto, formado por fuente, bebedero y lavadero, tal y como puede apreciarse en las fotografías de antaño, respondía a un patrón bien definido, al que José Ángel Diego García, ha dado en llamar como disposición lineal. En este organigrama los tres elementos se colocaban uno a continuación de otro, a lo largo de una línea recta, quedando siempre el abrevadero entre las otras dos edificaciones, manteniendo cada una de ellas su individualidad. La circulación del agua en estos tipos de conjuntos hidráulicos siempre llevaba la misma dirección: de la fuente discurría hacia bebedero, y de éste pasaba al lavadero. La razón de esta estructuración era estrictamente higiénica. De este modo, el agua de la fuente era para consumo humano, los animales abrevaban en el bebedero, y la sobrante de estos dos usos, es la que se destinaba a mancharse de jabón en el lavadero (Diego, 1992:21-22).




Ilustración 09. Ilustración 9. Ubicación del lavadero público de la Fuente Nueva. Detalle de la Hoja nº 6. Plano de Granada, Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Dirección General del Instituto Geográfico y Estadístico, 1909. [Archivo Histórico Municipal del Ayuntamiento de Granada. Colección de planos. Signatura: 05. 002. 01].

Aparte de sus características funcionales, desde el punto de vista artístico, el pilón de Fuente Nueva, es una obra que se ejecutó en piedra gris, presentado en la actualidad una configuración similar a la que tenía en su primitivo emplazamiento, cuando estaba hermanado con nuestro lavadero. Esta fuente ornamental consta de una pila rectangular con cinco piedras de Elvira que se muestran bien diferenciadas debido a la pérdida de argamasa que las une.

Presenta un frontón triangular que cobija una gran granada, bajo el cual se alberga una triple cartela con inscripciones y de la que mana agua por tres caños, de los cuales, el central se presenta liso, mientras que los laterales aparecen decorados con mascarones que flanquean elementos vegetales, todo ello hoy muy poco visible debido a su acusado deterioro. En el año 1944 se decidió trasladar desde el callejón de Fuente Nueva al inicio de la Cuesta del Realejo, adosándolo a la parte trasera del convento de Santa Catalina. En su actual ubicación se alteraron las dimensiones del estanque, ya que cuando servía de abrevadero, tenía un desarrollo de unos once metros, teniéndose que adaptar a los 4,70 que ofrecía el nuevo lienzo de pared donde hoy se encuentra insertado(28).




Ilustración 10. Ilustración 10. Ubicación del pilar de la Fuente Nueva al inicio de la Cuesta del Realejo en la década de los cuarenta del siglo XX. Autoría desconocida. [Archivo Histórico del Colegio Oficial de Arquitectos de Granada].

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Se da la circunstancia de la existencia documental del presupuesto para el apeo y traslado de un segundo pilar del sitio de Fuente Nueva al Parque de Limpieza en abril de 1945. El arquitecto municipal Luis Álvarez de Cienfuegos en la memoria presentada se manifiesta al respecto en los siguientes términos:

“En cumplimiento de órdenes de la Alcaldía Presidencia se ha procedido por esta Oficina Técnica a la redacción del adjunto presupuesto para el apeo y traslado del pilar existente en la Fuente Nueva, por haber desaparecido de dicho lugar un antiguo lavadero público y otro pilar trasladado ya a la Cuesta de Santa Catalina”(29).

Como vemos la presencia de esta segunda fuente vendría a completar la tripleta de las tres infraestructuras mencionadas, apreciándose en los documentos visuales ligeramente desplazada con respecto a éstas, pero alineada con ellas, y adosada, igualmente, a la misma tapia que les servía de demarcación. El expediente histórico nos lo describe como un pequeño pilar, de mármol gris de Sierra Elvira, con frontón adintelado y estanque(30).

Con todos estos datos podemos afirmar que el lugar de Fuente Nueva era uno de los rincones del agua más populosos y frecuentados de la cuidad, en el que coincidían lavanderas, aguadores con sus borricos, ganaderos, carreteros y toda clase de viandantes. A su lavadero público no sólo acudían las mujeres de los barrios limítrofes, sino también aquellas de las alquerías y casas-huertas lindantes, ligadas con esta área de la ciudad por caminos y veredas. En este sentido, en 1856 la Comisión de Aguas acordó proponer al Ayuntamiento, que excluyera de aprobación una partida de seis pilas de lavar de piedra dura, que proponía el arquitecto José Contreras para el barrio de San Lázaro, argumentando que:

“á esta Comisión no le parece conveniente el establecimiento de lavadero en aquel punto por razones de aseo y aspecto público, y por la señal de que el lavadero de la fuente Nueva está inmediato, donde convecindad puede concurrir el vecindario del Barrio”(31).

El lavadero se situaba en la antigua calle Fuente Nueva, hoy de Santa Bárbara. De su animando ambiente dan buena cuenta las imágenes que venimos viendo, en las que se aprecian hombres, mujeres, niños y bestias de carga. Son unas instantáneas llenas de improvisación y frescura, en las que prima más el sentido documental que el artístico. Estas fotografías nos permiten ver la primitiva calle de Fuente Nueva, con la vieja fábrica de pólvoras “El Refino” frente al lavadero, adentrándose, al ritmo lento de una carreta, hacia el lugar llamado Puente del Cristiano, donde se cruzaba con el Carril del Picón (García, 2006:69). Su pilón, que daba cabida a multitud de caballerías a abrevar de sus buenas aguas, en las tardes de toros, también acogía a los toreros que habían fracasado en la lidia, donde eran arrojados, después de ser traídos a la fuerza a hombros, desde la cercana plaza del Triunfo (Ibíd.:70). Son imágenes de una Granada de últimos del XIX, genuinamente costumbristas, de un tiempo pasado, pero presente en la memoria.

4.- Conclusiones

Tras el estudio de los diferentes lavaderos tradicionales de la ciudad de Granada recogidos por Madoz, se desprenden las siguientes conclusiones, reflexiones o consideraciones finales, que sirven como epílogo a este trabajo.

Con la construcción de lavaderos públicos cubiertos y a resguardo de las inclemencias meteorológicas, las amas de casa y las lavanderas de profesión, dejaron abandonadas en parte las piedras de los ríos cercanos donde lavaban las ropas. Aunque en Granada y en otras ciudades, muchas mujeres siguieron utilizando los cauces de los ríos como lavaderos naturales en los que realizar la colada. Así lo muestra el abundante material gráfico de principios del siglo XX. Antes de contar con una construcción específica y con una funcionalidad determinada, las lavanderas utilizaban como lavaderos la roca natural de las orillas de los ríos y arroyos. Las piedras se elegían por su disposición y forma como plataformas sobre las que refregar las ropas. En algunas ocasiones estas piedras de lavar que se disponían a lo largo y en rededor de los cursos de los ríos se tallaban para crear pilas en las que lavar y manipular las prendas. En torno a los cursos fluviales, no sólo concurrían las lavanderas a lavar en el agua de sus riberas, sino que también se construyeron algunos lavaderos de propiedad privada. Seguramente estos lavaderos naturales de río irían en detrimento de su demanda. Las vecinas, preferirían los lavaderos públicos más cercanos o los cajones de los torrentes, a tener que pagar por lavar, por la cantidad de agua empleada, en los lavaderos particulares. De ahí, la importancia de las fuentes visuales como herramienta muy útil en la investigación. De este modo, se hace preciso destacar el papel de la fotografía histórica como fuente gráfica necesaria para la caracterización, conocimiento y contextualización de algunos de los lavaderos granadinos desaparecidos, así como de la figura y trabajo de las lavanderas de la ciudad en los ríos Darro y Genil.

Estos espacios comunales se creaban por los Cabildos municipales para facilitar a las mujeres la ardua tarea del lavado a mano de la ropa, en un tiempo en el que en las viviendas no existía el agua corriente domiciliaria. Con la introducción y generalización de ésta, y la posterior presencia en las casas de la lavadora mecánica particular, los objetos de uso cotidiano y los edificios utilizados para la realización de la colada, fueron perdiendo su función originaria. Y un bien necesario y común a toda la vecindad, como es el agua, al ser incorporado en el interior de cada casa, se convirtió en un bien privado, apareciendo un cambio en su uso. Son novedades que se inscriben en los procesos de renovación y modernidad tecnológica y económica que empezaron a abrirse paso en la sociedad española a partir de la segunda mitad del siglo XX. El lavado de la ropa pasó de realizarse en lugares públicos y construidos para tal fin, al interior de las casas, a la privacidad del ámbito doméstico.

De este modo los lavaderos públicos perdieron su razón de ser, quedando abandonados y demolidos en su gran mayoría. Dejando aparte sus valores arquitectónicos, desde el punto de vista de las artes populares, y su irremplazable papel funcional dentro de los conjuntos urbanos tradicionales, hay que atender a una valoración difícilmente mesurable y de compleja aceptación dentro del ámbito de la investigación científica, que no es otro que el valor entrañable de los antiguos lavaderos. Este contenido tiene un indudable valor antropológico, social y también histórico, de esa pequeña historia anónima de los barrios humildes granadinos. Al conocer estas construcciones debemos ser conscientes de que se enraízan en la historia local y en la vida de nuestros antepasados, formando parte de nuestros valores culturales colectivos. Son testimonios acuíferos atávicos de un modo de vida ya perdido y superado, de la cultura del agua.

El conocimiento de estas infraestructuras nos permite reflexionar sobre la problemática creada en torno a la situación actual y perspectivas de futuro de la arquitectura vernácula de nuestros pueblos y ciudades, la cual constituye un ejemplo bastante significativo de algunas de las grandes contradicciones en las que hoy se encuentra buena parte de nuestro patrimonio cultural. Cualquier estudio que se aproxime a la arquitectura tradicional, y de la que los lavaderos públicos forman parte, debería indicar la riqueza de matices de ésta, su diversidad y capacidad expresiva, fruto de las experiencias históricas (técnicas constructivas, materiales empleados, planificación urbanística, organización y características de los espacios construidos, usos sociales y significados simbólicos de los mismos), de la diversificación de las actividades productivas y de las adaptaciones de los espacios construidos. El levantamiento de los lavaderos viene a refrendar la importancia y papel de la arquitectura en las sociedades, considerada como actividad, que al mismo tiempo es espejo y reflejo, además de modeladora de las estructuras socioeconómicas, de los modos de vida, e incluso del pensamiento y las formas de expresión dominantes de una época determinada.

Las planimetrías representan únicamente la superficie que ocupan los núcleos de población superiores a 10 edificios, sin definir su estructura viaria interna ni las manzanas o agrupaciones de casas (Instituto, 1878). Madrid, como capital del Estado, constituye una excepción, pues se presenta un plano totalmente detallado en el que se incluyen el callejero y las amplias masas ajardinadas de los extensos parques públicos que en aquel momento rodeaban la villa. Para el caso de las grandes ciudades, que desde finales del siglo XIX cuentan con completas series cartográficas relacionadas con el planeamiento urbanístico, las planimetrías no plantean, por ello, ninguna aportación substancial. Sin embargo, resultan útiles para conocer la evolución urbana de muchas localidades que, hasta fechas más avanzadas, no dispusieron de cartografía propia, y en todos los casos hasta el vuelo de 1946, cuando a partir de la imagen fotogramétrica podemos dibujar el plano exacto de cualquier núcleo habitado. Por ello, la comparación de estas dos imágenes nos sirve para observar la evolución de un núcleo de población en el periodo de tiempo que las separa. En muchas todavía se puede apreciar la forma en que se relacionan con los caminos rurales que comunicaban con otros núcleos vecinos, lo que ayuda a entender su estructura y desarrollo urbano a partir de una confluencia de caminos, de una alineación de casas a lo largo de un itinerario, etc. El crecimiento de las poblaciones y la construcción de nuevas carreteras que tratan de bordear los núcleos sin pasar por su centro como lo hacían los caminos, dificultan la observación de estas variables a partir de fuentes posteriores. También nos permite apreciar las pervivencias de antiguos caminos, acequias, huertos… en la morfología urbana actual.

El Instituto Geográfico heredó los métodos de trabajo de la Comisión de Estadística General del Reino planteados por su director Francisco Coello en el Reglamento de 1862, atendiendo a la finalidad catastral que primaba en estos levantamientos, lo que requería un detalle mucho más minucioso. En este sentido continuaron levantándose los planos de las poblaciones a escala 1:5000, con hojas de detalle a 1:1000 y de edificios públicos a escala 1:500, tal como se explica en las instrucciones de 1878:

“Los jardines públicos, fuentes, obeliscos, cruces, columnas u otros monumentos se referirán a la poligonación, levantando el plano de la planta baja. Igualmente se determinarán con exactitud los ríos, arroyos, puentes, malecones, viaductos, acueductos, muelles, etc. […]. Se levantarán los planos de las plantas bajas de los templos, mercados, teatros, palacios, estaciones de ferrocarril y demás edificios públicos que existan en la población, y se dibujarán a parte en escala 1:500; determinando además de la parte habitada, los jardines, huertas, tierras de labor, minas, solares, estanques, balsas, lagunas, etc., que estén comprendidos en la población. Deberán figurar en el plano las líneas telegráficas, ferrocarriles, tranvías, paseos, calles de árboles, arcas de agua y bocas de riego […]. Se incluirán dentro de la poligonación los barrios o arrabales cuya distancia a la población no exceda de dos kilómetros […]. El desarrollo gráfico de los polígonos se hará en escala 1:1000, construyendo dentro de cada polígono la correspondiente manzana […], consignando todos los detalles del plano, nombres de las calles y de los edificios públicos, etc. Las líneas de construcción serán de trazos; la acotación de las distancias se escribirá con carmín, y con tinta china todas las demás líneas, cifras y rotulación […]. Se construirá un plano de conjunto en escala 1:5000, en que sólo figurarán los lados de la triangulación y poligonación, número de orden de los vértices, nombres de las calles y edificios y demás detalle; pero sin líneas de construcción y sin acotar ángulos ni distancias. En este plano se cubrirán con un rayado a pluma las manzanas de casas, excepto las partes de estas que consistan en cercados, huertas, tierras de labor, grandes corrales para acopio de materiales o para encerrar ganados” (Instituto, 1878:47-49).




Ilustración 05. Imagen 5. Plano de población de Rubielos de Mora, Teruel (1915). Imagen: CNIG.

A partir de 1890, ante la limitación de recursos para acometer tan basta empresa, se abandonó la confección de planos de monumentos y edificios públicos para centrar los escasos recursos en la formación del mapa (Urteaga y Nadal, 2001:36). Dentro del Instituto Geográfico, los planos de ciudades a escala 1:5000 fueron realizados entre 1870 y 1950. Lamentablemente su confección fue muy desigual, pues en las dos Castillas, Madrid, Aragón y Andalucía se completaron prácticamente todos los núcleos de población, mientras que en otras comunidades como Euskadi, Principado de Asturias y la Comunitat Valenciana sólo se materializó la cartografía de unas pocas poblaciones. Sin embargo la labor de realización de planos de edificios se concentró casi exclusivamente en la provincia de Toledo(11). Todas estas series se han conservado en los archivos del IGN. Recientemente han sido digitalizadas en formato jpeg y ecw y son de libre acceso a través del centro de descargas.

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