e-rph 22, jun. 18 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 22, junio 2018
Concepto | Estudios
 
 
Patrimonio y paisaje cultural del agua en el Valle de Ricote (Murcia)
 
     

 

La primera noticia de la acequia de Abarán recogida va ligada al documento de su repoblación en 1482 por medio de familias moriscas procedentes del municipio de Hellín. En este documento destaca un acuerdo entre el comendador, Rodrigo de Ulloa, y los citados repobladores para regar aquellas tierras que le han sido concedidas por medio de la construcción de dicho canal(8). Por aquel entonces, sabemos con seguridad que la vega fluvial estaba articulada por la acequia de la localidad de Blanca, aunque se desconoce si había otra de la Aljama en Abarán. El emplazamiento de los azudes estuvieron bastante próximos, en un nivel superior la presa de la acequia de Abarán sobre la de Blanca. Ahora bien, en la Carta Puebla (Lisón, 1983) se convinieron dos puntos: Primeramente, la obligación del alcalde ordinario de la villa para construir y reparar la acequia con el propósito de distribuir y abastecer de agua a su huerta y a todos sus vecindarios por un año. Tras finiquitar tal intervalo, afrontarían las cargas de las cuentas aquellos vecinos que empleasen tal sistema para el riego de sus parcelas; y, en segundo lugar, el compromiso del comendador de la encomienda del Valle de Ricote con la villa de Abarán para sustentar económicamente las obras de gran calibre en el azud, con estacas, guías, clavos y el maestro(9).

Así se hizo, por ejemplo, tras la riada de “San Calixto” en 1651 que destruyó gran parte del sistema de riego(10). El comendador aportó ochenta estacas, diez peones en cada rotura del azud, el material, además, de afrontar los costes de un maestro. Desde ese momento hasta 1728, la acequia se extendería hacia un paraje denominado del “Menjú”, gracias al establecimiento de la presa aguas arriba del Segura. Este alargamiento del sistema de canalización proporcionó un incremento de caudal. El efecto se concretó en una propagación del riego por los pies de la villa, mediante la instalación de reducidos artilugios de elevación de agua: las aceñas.

A principios del siglo XIX se unificaron las acequias de Blanca y Abarán por medio de la presa de Menjú bajo la dirección del maestro de obras Francisco Lician, arquitecto y maestro de la Real Academia de San Carlos, oriundo de la localidad de Crevillente. Para ello los acuerdos fueron refrendados en la sala capitular del consistorio de Abarán, con la presencia de los miembros de ambos concejos, los comisarios de los heredamientos de la acequia de Blanca, el comisario del heredamiento de la acequia principal de Abarán y el administrador y juez privativo de la encomienda de Santiago del Valle de Ricote, José Marín Ordoñez como representante del Duque de la Roca, comendador de la mencionada encomienda. El apoyo de ésta última no se limitó solamente al pago de salarios, material y transporte, sino que aportó además 6.000 reales de vellón, siguiendo una práctica tradicional de la Orden(11). Este acontecimiento condicionó de nuevo una transformación de paisaje a tenor de la expansión del riego como podemos ver en la ilustración 2. Llama la atención el contraste entre la primera imagen, donde se expone la propagación desde el cuarto tercio del siglo XVIII hasta los inicios del siglo XIX, añadiendo además la señal de la línea discontinua azul por donde se propagó el riego gracias a la instalación de artilugios elevadores de agua, con la segunda imagen que refleja el incremento de volumen de riego en los alrededores de la villa con el señalamiento de la franja azul celeste(12). Esto fue producido por la unión de aguas de las acequias, por la instalación de dos ingenios elevadores de agua y por la constitución de dos heredamientos en el siglo XIX: El heredamiento de la Noria Grande y el heredamiento de la Noria de Don García.

- La Acequia Charrara

La acequia Charrara fue un sistema de canalización originado en el siglo XVIII, exactamente en 1734, por un convenio privado entre algunos vecinos acomodados de Abarán con propiedades en el margen derecho del Segura y otros hacendados de Blanca . Desde su comienzo hasta la actualidad toma el agua del mismo azud que lo hace la acequia de AbaránBlanca(13). Su evolución histórica durante el periodo de la Ilustración se caracteriza por sostener tres fases hasta la actualidad: la primera fase entre 1734 y1800, una segunda fase con la instalación de artilugios de elevación de agua de reducido alcance de riego a lo largo del siglo XIX y una tercera con el entubamiento de la acequia y el acondicionamiento del entorno como ha sido habitual en las huertas levantinas desde mediados del siglo XX hasta hoy.

Durante la primera fase destacan una serie de particularidades que reflejan un contexto inusual, al menos en la rama hidráulica y de regadío establecida en la zona: la cohesión, el acuerdo y avenencia social entre dos poblaciones tradicionalmente enfrentadas. Los conflictos entre los hacendados del heredamiento de la acequia de Abarán y los hacendados de la acequia de Blanca entre 1523 y 1650 (Westerveld, 1997:350) fueron habituales casi siempre, debido a roturas naturales de los sistemas de regadío o por actos vandálicos de los unos u otros.

La construcción de la acequia Charrara hasta completar su canalización en el territorio de Blanca se identifica como un paso firme al modelo de entendimiento y cordialidad entre los habitantes de ambas villas al favorecer el asentamiento y la ampliación de la canalización aguas abajo del Segura, alcanzando la cola del canal a finales del siglo XVIII. Estos datos ponen de relieve la eficacia y la prontitud de la instalación de la infraestructura mediante la política y el interés social generado entre ambas partes. La gobernabilidad de la acequia de la Charrara se basó en el procedimiento conocido como “la escuela democrática local”, debido a la selección por votos entre todos los hacendados del heredamiento hacia uno o varios comisarios. La figura del comisario era la representación misma de la comunidad de regantes, su delegado, encargado de la inspección, control y mando. Este modo selectivo anuló el protagonismo del feudalismo, favoreciendo el derecho y la igualdad entre todos los regantes. Además este sistema de canalización unía, tanto por el aporte hídrico, como por los costes que conllevaba los reparos del azud y otras infraestructuras, a dos heredamientos, uno el de Abarán y otro de Blanca, separados por las jurisdicciones de cada villa y por los impuestos desarrollados en cada una de las etapa expansivas de riego. Hay que comentar que la articulación de esta acequia a lo largo del territorio de Blanca se desarrolló a finales del siglo XVIII(14). Los problemas se presentaron cuando quisieron ciertos hacendados de Blanca conducir el canal hacia dos parajes conocidos como Alto Palomo y Runes. La empresa se quedó en el tintero al menos hasta principio del siglo XIX, ya que los maestros canteros, Josef Hermosillas(15), como Francisco Sarabia y Juan Gónzalez Fernández, vecinos de Albudeite(16), encontraron dificultades orográficas que impidieron culminar los objetivos del proyecto.

3.2. Los artilugios de elevación de agua: solución al terreno secano

La instalación de norias hidráulicas de gran envergadura durante el siglo XIX representó el remedio de superar las dificultades orográficas, ofreciendo el aprovechamiento de terrenos que, en anteriores épocas, no se habían conseguido asperjar(17). De las seis construidas originariamente en la vega fluvial cuatro norias siguen en uso hoy, mientras que otra es considerada como resto arqueológico y la sexta ha desaparecido materialmente. La utilidad y el repartimiento del agua se desenvuelve en dos ámbitos dependiendo del rango de derecho que posea el complejo del artilugio: de propiedad privada (la voluntad o no de regar del propietario) o de manera comunal. En una comunidad de regantes el reparto de agua se efectuaba por igualdad, de manera que todos los hacendados que regaban sus tahúllas por medio de la noria tenían los mismos derechos. La única diferencia venía de la cantidad de terreno que poseían, puesto que a través del número de tahúllas, gracias a la medición, se calculaba la cantidad de agua, bien por días o por horas, a las que se tenía derecho, siempre a proporción. En la localidad de Abarán se localizan los dos casos más conocidos, la Noria Grande y la noria de Don García, ambas de corriente baja e instaladas en la acequia de Abarán -Blanca. Aquí el agua adquiere dos valores entre todos los hacendados: el aprovechamiento general y el aprovechamiento individual, aunque limitada, pero siempre justa y a proporción de lo que a cada uno le correspondiera. Un ejemplo documentado lo tenemos en 1862 para el heredamiento de la Noria Grande en el que se establece un pliego de condiciones de riego (Trigueros, 2014:225-243).

Además de las norias también las aceñas se regían por horas de riego por tahúlla, como la aceña situada en el partido de los “Morzaletes”. Los primeros servicios que prestaron estos artilugios de elevación de agua, al menos que se haya podido constatar documentalmente, datan del siglo XVI con las norias fluviales (Grupo de trabajo “Valle de Ricote”,2010:26-34). Poco después, durante los siglos XVII y XVIII, se construirían las aceñas o las norias de corriente baja (Banegas y Gómez, 1992:87-104). Según su tipología formal e hidráulica ha sido posible localizar hasta tres tipos de ruedas de elevación de agua en razón al sistema de canalización: Las norias fluviales, conectadas directamente con el río; las norias de corriente baja, instaladas en las acequias y las aceñas y las norias de sangre, como un ingenio de menor impacto paisajístico por su menor dimensión.

Dentro de la categoría de las norias de corriente de baja se diferencian tres modelos de sistemas: uno sencillo, de un solo cuerpo, ubicado en la canalización principal de la acequia, como un aparato hidráulico normal de elevación de agua para regar directamente las parcelas,(noria de la Hoya de Don García, la Noria Grande); en segundo lugar, las norias que recogen el agua para trasportarla a unas balsas de riego (noria de Candelón y la noria de la Ñorica); y, por último, de doble cuerpo o más, que consiste primeramente en un sistema de elevación de agua asentado en la acequia, pero a lo largo de la canalización de la noria se hallan instalados, para su aprovechamiento, aceñas con el fin de elevar a una cota superior el agua. Este sistema estuvo establecido en el heredamiento de la Noria Grande durante el siglo XIX hasta mediados del siglo XX con la ya nombrada aceña de los Morzaletes.

Otro dato interesante se halla en base a su propiedad y a los modelos de administración. Hay que remontarse entonces a las diversas formas de propiedad que arrastran desde sus orígenes. También aquí es posible clasificar los artilugios en: aquellos de bien privativo e individual, donde su aprovechamiento tiene una pendencia particular y no es compartida, el ejemplo es la noria de la Ñorica; un segundo caso constituido por las norias que aun al ser un bien individual era compartida y aprovechada por acuerdo previo entre agricultores de la zona, esto sucedió con la noria fluvial de Francisco de Molina (1724-1741), hoy desaparecida, pero cuyos restos arqueológicos de su acueducto son perfectamente visibles en la Cañada Hidalgo; y un tercer bloque, estaría formado por aquellas que dependen de una comunidad de regantes o heredamiento, como ocurre actualmente con la Noria Grande de Abarán y la noria de Don García, ya que ambas requieren una legislación y un gobierno acorde a un bienestar común.

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