e-rph 22, jun. 18 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 22, junio 2018
Concepto | Estudios
 
 
Patrimonio y paisaje cultural del agua en el Valle de Ricote (Murcia)
 
     

 

3.- Componentes hidráulicos del espacio

Como decimos y siguiendo a autores anteriores (Gil Meseguer, 2014) existen una serie de elementos hidráulicos de gran interés patrimonial interconectados hoy, tanto de carácter tradicional como moderno, que son imprescindibles para conocer y asegurar el paisaje agrario que muestran el uso y la sucesión de ingenios tradicionales por maquinarias de mayor avance técnico en la ribera del Segura. Asimismo, el patrimonio inmaterial ligado a ellos va más allá de una mera recreación de tradiciones laborales, son el escenario de una franja de terreno autónoma en sus formas y reflejo de una parte de la historia a través de su población y sus tradiciones. Ello supondría ampliar la protección, paisajística, cultural, de formas de vida y costumbres que respaldarían los principios del Plan Nacional del Paisaje. Siguiendo la Carta de Baeza sobre el Patrimonio Agrario, estos bienes disponen de una relevancia social, histórica, económica o medioambiental (destacamos especialmente su vinculación con la diversidad cultural y biológica y con el derecho a la alimentación) que es imprescindible recoger, de forma global e integrada (Castillo Dir., 2013:12).

Por una parte se continúa una línea tradicional con vestigios documentales de la Edad Moderna; y otra línea de artefactos e ingenios aparecidos desde principios del siglo XX. Ambos ejemplifican la adaptación de la población al progreso tecnológico y su aplicación a unas bases económicas primarias. Por esta razón, frente a la individualización y supuesto protagonismo de algunos elementos, y sin el objetivo de menoscabar su importancia dentro del conjunto, creemos que el concepto de Paisaje debe ser potenciado desde la protección, la concienciación de sus habitantes, como de la propia administración quienes en muchos casos desconocen su importancia.

La articulación del paisaje propuesto para su protección se extiende fundamentalmente entre los términos municipales de Abarán y Cieza, desde la presa o azud del Menjú (jurisdicción de Cieza), donde se derivan las aguas hacia las boqueras de la acequia de la Charrara (margen derecho del Segura) y la acequia de Abarán-Blanca (margen izquierdo del Segura) hasta el puente de hierro (véase la Figura 6)(6). Es un espacio considerable, pero que debería extenderse hacia Blanca y Ojós fundamentalmente, y en menor medida a Ulea y Villanueva, quedando el término de Ricote prácticamente excluido, ya que el curso del Segura no influye en su paisaje, y, por tanto, la tipología del uso del agua se aleja del ámbito que abarca esta propuesta.

En la actualidad, como ya hemos referido, las estructuras hidráulicas son inseparables del paisaje como reflejo de la riqueza cultural de la zona y de la actividad mantenida en correlación con el agua, siempre acorde con la evolución de los movimientos socioeconómicos de los órganos y habitantes del área.

Por la naturaleza de este trabajo apuntamos los inmuebles de gran impacto paisajístico, entre los que sobresalen, una infraestructura de retención y derivación de agua que es la citada presa del Menjú, una infraestructura de canalización de larga extensión con su boquera de agua y sus conductos abiertos al aire libre (la acequia de Abarán-Blanca), una infraestructura de canalización entubada (la acequia Charrara), unos artilugios de elevación de agua como son las cuatro norias, una infraestructura hidráulica de producción alimenticia (el Molino de las Pilas) y unas instalaciones de ámbito civil, la primera comunicativa, como el puente de hierro (BIC desde 2006), y la segunda como doméstica, un lavadero situado en las cercanías de la Noria Grande de Abarán que ubicamos en la ilustración 5(7). En definitiva, un abanico de elementos que demuestran la interrelación directa del hombre en los últimos seis siglos con el agua.




Ilustración 05. Ilustración 5. Zona incoada en expediente BIC (matiz verde con letras que indican los elementos incoados) y la que no ha sido declarada (matiz azul y tonos de color no tenidos en cuenta). Fuente: Elaboración propia.

La organización de todos estos componentes ha convivido con un modelo de paisaje derivado del Segura mediante sistemas de azud y acequia (Gil Meseguer, 2014:856-867), los cuales han ido evolucionando por las exigencias vitales requeridas de los colectivos e individuos autóctonos. La disponibilidad actual del espacio ha estado envuelta en un procedimiento cíclico, en continuo cambio siglo tras siglo, como sucede en la Huerta de Murcia (García, 1982), debido a la evolución poblacional y a la consecuencia de la actuación para acondicionar el medio natural a su gusto, con el propósito de optar a unas demandas que saciaban sus necesidades vitales.

3.1. Los sistemas de canalización de riego

Han pervivido en uso dos sistemas tradicionales de canalización afincados en cada lado de la vertiente del Segura en la vega fluvial del Valle: la acequia denominada de AbaránBlanca y la acequia de la Charrara. Ambas infraestructuras hidráulicas de riego detentaron una evolución histórica con diferentes fases evolutivas, existiendo en ellas unas similitudes y unas desemejanzas que facilitaron en el mismo sentido la instalación de artilugios de elevación de agua. Analizamos su origen, función y evolución hasta convertirse hoy en elementos patrimoniales cuya autenticidad es la imagen de su complejo pasado.

- La Acequia de Abaran- Blanca

Esta infraestructura hidráulica acogió diferentes contextos desde finales del siglo XV hasta finales del siglo XX, hecho que conduce a una transformación discontinua y bastante radical en el paisaje. Desde su inicio hemos llegado a diferenciar hasta cinco fases evolutivas, de las cuales en cuatro de ellas estuvo implicada la Encomienda Santiaguista del Val de Ricote. Sin duda la búsqueda de nuevos sistemas de recaudación están detrás de las intervenciones de esta institución, concretamente está documentado el diezmo y las molientes de un molino harinero situado en la cola del citado sistema de riego. Estas vías de financiación sostenían una garantía fija de beneficio para sus arcas, y, además aseguraba el asentamiento poblacional. Además este sistema estuvo supervisado por el Concejo municipal, quién desplegó distintos cometidos como establecer la distribución del agua, gestionar las intervenciones en el complejo de canalización o resolver disputas que sucedían en su heredamiento. A pesar de ese grado de poder, ni la propia institución, ni la comunidad de regantes de la acequia de Abarán tuvieron posibilidad de subvencionar unidos completamente reformas o nuevas edificaciones de gran calado, panorama que retrata la mínima capacidad económica que sostenían, y el papel fundamental que protagonizó la encomienda santiaguista por su política cooperadora. Por tanto, de forma indirecta ayudaban a la población a restaurar la acequia.

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