e-rph 21, dic. 17 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 21, diciembre 2017
Instituciones | Estudios
 
 
Museos y consumo cultural. Percepciones y experiencias en la Noche de los Museos
 
     

 

Situado desde una comprensión antropológica del consumo cultural Bourdieu (2010) señala que el consumo es un momento de un proceso de comunicación, un acto de desciframiento, de decodificación que supone el dominio práctico o explícito de un código. La capacidad de ver es la capacidad de saber, supone un acto de conocimiento, una operación de desciframiento, que implica la aplicación del patrimonio cognitivo, de un código cultural, que funciona como capital cultural. La observación científica muestra que las necesidades culturales son producto de la educación: la investigación establece que todas las prácticas culturales y las preferencias correspondientes están ligadas al nivel de instrucción (títulos conseguidos y número de estudios) y al origen social. Para Grillo, Papalini y Benítez Largui (2016) el tratamiento del nivel de determinación estructural que Bourdieu postula sobre el consumo de bienes culturales, es el factor que generalmente lo diferencia de numerosos autores que estudian el tema.

Para Sunkel (2002), Barbero desarrolla una conceptualización del consumo íntimamente conectada con la de García Canclini. Plantea una concepción no reproductivista del consumo, relacionada a la idea de apropiación cultural y de los usos sociales de la comunicación. Reivindica las prácticas de la vida cotidiana de los sectores populares, señalando que a través de ellas otorgan sentido a su vida, así el consumo cultural aparece como un proceso de producción de sentido. A través del consumo cultural se concretan espacios de constitución de identidades y de conformación de comunidades. Señala que la investigación del consumo permite una comprensión de las nuevas formas de agrupación social, de los cambios en los modos de estar juntos de la gente, en un contexto globalizador que tiende a la fragmentación.

En síntesis, señala Quevedo (2007) que la perspectiva antropológica del consumo se presenta como más fructífera que la perspectiva economicista, especialmente cuando se toma el consumo como una práctica mediada por un objeto. La perspectiva antropológica reconoce que en el campo de la cultura muchas prácticas son coproducidas por los mismos ciudadanos. A modo de ejemplo señala: “el hábito extendido de ir a bailar o concurrir a ferias o reunirse con amigos para cantar es considerado un hecho cultural en el momento mismo en que se produce inducido por el deseo y por la práctica misma de quienes lo realizan” (2007: 112). El consumo cultural se constituye en una práctica específica por el carácter particular de los productos culturales, los bienes culturales, ofertados tanto por las industrias culturales como por el Estado, y se distinguen porque el valor simbólico predomina por sobre su valor de uso o cambio (García Canclini, 1999; Sunkel, 2002).

2.2.- Tipos, enfoques y desafíos de la investigación de consumo cultural

En Argentina el campo de los estudios sobre consumo cultural se vincula tanto a trabajos que discuten teóricamente como a aquellos que presentan resultados de investigaciones empíricas sobre el consumo, la recepción, la apropiación y el uso de bienes culturales y TIC (Grillo, Papalini y Benítez Largui, 2016).

Respecto a los enfoques de investigación, se han desarrollado mayormente estudios de carácter cuantitativo, y en menor medida cualitativos. Los estudios cuantitativos se han realizado para ofrecer un panorama general sobre los consumos y prácticas culturales de un país, de una ciudad o de un grupo etario particular. Los instrumentos de recolección de datos, en general, han sido cuestionarios más o menos estructurados aplicados a muestras con pretensión de reflejar las conductas del universo. Se ha indagado sobre prácticas culturales realizadas en el tiempo libre, gustos, opiniones o preferencias. Los resultados suelen presentarse a través de variables como edad, sexo, nivel socioeconómico, nivel de estudio y lugar de residencia. En relación con los análisis predominan los descriptivos, dejando de lado a veces las motivaciones y determinaciones estructurales que influyen en los consumos culturales (Quevedo, 2007). Los estudios cualitativos se han empleado para indagar el comportamiento de algunos grupos sociales específicos, como los jóvenes. En general se han utilizado técnicas de corte etnográfico, como las observaciones y las entrevistas. Desde estos estudios se intenta recuperar la voz de los protagonistas, sus valoraciones y sus percepciones.

A nivel nacional, señalan Grillo, Papalini y Benítez Largui (2016) es necesario destacar una serie de estudios, algunos promovidos desde el Estado y otros por instituciones académicas. Se reconocen los aportes de las investigaciones realizadas por el Sistema Nacional de Consumos Culturales y por la Secretaría de Medios de Comunicación que permitieron obtener datos sobre el consumo de música, libros, concurrencia a bibliotecas, consulta de textos en Internet, alquiler de videos, concurrencia al teatro y preferencias en general, así como de gastos en consumos de bienes culturales por familia, hábitos informativos por los medios e Internet, usos del celular y tecnologías disponibles y sus usos en el hogar. También se crearon observatorios dedicados a ‘la producción, la circulación y el consumo de bienes producidos por las industrias culturales’. Además, se reconocen trabajos como el de Landi, Vachhieri y Quevedo sobre ‘Públicos y consumos culturales de Buenos Aires’, proyecto promovido por CLACSO y dirigido por García Canclini en varios países latinoamericanos; Públicos y consumos culturales en Córdoba, dirigido por Mata en 1997 y la compilación El Consumo Cultural en América Latina, dirigido por Sunkel en 1999, que se constituyó en un lugar de encuentro de reflexión de una serie de investigaciones que se realizaron en este terreno.

Con relación a la encuesta realizada por el Sistema Nacional de Consumos Culturales (2005), nos interesa destacar el posicionamiento metodológico que retoma ‘la palabra de los entrevistados’ como un dato, intentando realizar en todo momento el esfuerzo de interpretarlos y ponerlos en relación al contexto social. El estudio de la ‘perceptualidad’ como los sentidos y valoraciones que los argentinos poseen alrededor de sus propios consumos y también sobre los vínculos que establecen con los bienes y servicios de la comunicación y la cultura. Es decir, no solamente se presta atención a las prácticas efectivas de los distintos sectores sociales, sino que se incluyen de manera indirecta sus expectativas y demandas en este terreno (Secretaría de Medios de Comunicación, 2005).

Es necesario avanzar en el desafío de combinar estudios cuantitativos con estudios cualitativos que permitan profundizar en las motivaciones de los consumidores reflejando un mapa social más ligado a las configuraciones de sentido que a los datos agregados de prácticas o consumos (Quevedo, 2007).

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