e-rph 21, dic. 17 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 21, diciembre 2017
Difusión | Estudios
 
 
Documentación, conservación y difusión de un retablo a través de la Geomática: el retablo barroco de la Iglesia de San Miguel en Murcia
 
    

 

Un patrimonio eclesiástico como el aquí estudiado es visitable en horario restringido, al depender del culto religioso, más allá de la obligación que tiene el titular sobre los derechos del bien de permitir la visita pública al menos cuatro días al mes, en días y horas que se señalen, tal y como determina la Ley de Patrimonio Cultural de la Región de Murcia de 2007. Si, como ha analizado Domingo Angulo (2017), en los museos eclesiásticos no siempre es óptima la difusión y comunicación expositiva, mucho más complicado es proporcionar información sobre obras inventariadas, catalogadas y protegidas que no están en tales ámbitos. Conocer qué hay es absolutamente necesario para poder proteger los bienes culturales y, facilitando la información histórica y artística necesarias, cabe programar visitas de estudiantes, turistas o interesados y establecer itinerarios. De modo que se puede poner, además, el enlace a la plataforma que contiene el modelo tridimensional y otros datos en las páginas web del Museo Salzillo, del Museo de la Catedral de Murcia y del Conjunto Monumental de San Juan de Dios, que poseen imágenes del famoso escultor barroco, además de la perteneciente a la parroquia de San Miguel y en otras como Murcia Turística. A partir de ello cabe articular recorridos teniendo a Salzillo como referente, bien para contemplar retablos mayores y tabernáculos en otros templos donde él participó que están muy cercanos a San Miguel –como los del convento de dominicas o del Real Monasterio de clarisas, entre otros–, o bien a imágenes de devoción, pasos procesionales y el belén. Todo ello se conserva en un entorno próximo de museos y templos, incluso hay otras esculturas suyas en San Miguel.

Por otro lado, al elegir este ejemplo se consideró la aplicabilidad a otros casos. Se seleccionó una obra cuya metodología de estudio y resultados sirvieran para abordar otros retablos, considerando la importancia que estos poseen y la tradición del trabajo con la madera policromada en el contexto de los territorios de las Monarquías Ibéricas en la Edad Moderna y el diálogo cultural que su realización conlleva. Un retablo mayor siempre es obra a considerar. Atrae las miradas y constituye el escenario donde se desarrolla el ritual religioso. Adquiere todo su esplendor durante la liturgia y propicia vivencias y sensaciones cambiantes. Es un reclamo para los sentidos, al mostrarse con iluminaciones que varían según la hora del día y, en el pasado, con la luz de las velas –cuyo número estaba regulado dependiendo del altar y la ocasión–, con el brillo de los dorados y la percepción de la policromía, con el olor a incienso y flores, con el sonido de voces y música y con la variación del color de los ornamentos litúrgicos y otros aspectos que difieren, según la festividad y solemnidades del año cristiano. En el Antiguo Régimen y en un amplísimo ámbito territorial, hubo modos de proceder comunes, asentados y transmitidos en los talleres y regulados por acuerdos, ordenanzas gremiales y leyes generales, con la idiosincrasia que cada lugar ofrecía, por la riqueza de sus especies arbóreas y variación del tipo de madera utilizado, por los modelos vigentes, por las técnicas particulares empleadas, por los sustratos culturales, por los diferentes mestizajes artísticos y por razones de variada índole. El retablo supone uno de los encargos que exige mayor intercambio de ideas entre profesionales diversos. Concurren los comitentes con sus demandas y requiere la intervención de artífices de distintas disciplinas, que proporcionan el material y lo trabajan, desde su inicio con el diseño hasta su conclusión con el dorado.

La significación de un retablo mayor es esencial y, en consecuencia, conocerlo y estudiarlo mejor –y la Geomática contribuye a ello– es importante por sí mismo y para determinar posibles actuaciones de diferente índole sobre él. Portada y retablo mayor, como principio y final del recorrido sacro, constituyen dos focos principales de atención y atracción visual. Cualquier retablo mayor es un elemento fundamental y este también lo es. Por un lado, debe acomodarse a la arquitectura del templo que lo acoge y, a su vez, provee la pauta estilística de otros retablos que están próximos y han de armonizar con él [Ilustración 1], especialmente los colaterales y del crucero. El artista que lo proyecta es consciente de que adorna y dota de magnificencia el presbiterio, al proporcionar el escenario donde se desarrolla la liturgia, un sitial que ampara imágenes a las que se da culto y que manifiesta el programa iconográfico desarrollado.




Ilustración 01. Cabecera de la Iglesia de San Miguel de Murcia con el retablo mayor y colaterales (Fuente: Elaboración propia).

Al realizar la documentación gráfica de este retablo se ha considerado la arquitectura del templo que lo cobija, midiendo y estudiando las proporciones de la misma. Se ha acotado la parte escultórica, obteniendo las dimensiones y comparando las imágenes que lo componen, destacando el pequeño tamaño de la escultura principal. Posteriormente se ha modelado tridimensionalmente todo el retablo para conseguir un mayor conocimiento de la obra y para ponerla a disposición del usuario a través de la web. La idea es proseguir con la toma de datos en otros retablos barrocos en la ciudad de Murcia y en otras localidades y constituir un corpus significativo de imágenes fotogramétricas en la zona. Se facilitaría, así, el acercamiento a un panorama más amplio sobre el retablo, con nuevos datos para estudio y difusión del interesante legado existente. Considerando, además, la pérdida experimentada en el transcurso del tiempo, pues de los retablos construidos en el Antiguo Reino de Murcia entre 1670 y 1785, se conservan menos de la mitad por razones diversas y dada la vulnerabilidad que presenta este patrimonio en madera, material por excelencia en el retablo hispánico. Su utilización fue prohibida por Carlos III en 1777, reiterándolo Carlos IV en 1791 debido al riesgo de incendios (Martín González, 1988), a los cambios estilísticos que estaban aconteciendo y al rumbo marcado por las academias de Bellas Artes que entonces se crearon. Se intentó propiciar el uso de estuco y acabados imitando jaspes y bronces, pero no terminaron de arraigar. La madera constituye un material sensible e inflamable, máxime considerando que los templos tienen culto y los retablos están en uso y con los peligros del cableado eléctrico, la utilización de velas en ceremonias religiosas y otros factores. Además del ataque que pueden experimentar de xilófagos, con unas condiciones ambientales proclives, por presentar la ciudad de Murcia una humedad relativa media elevada y con acusadas oscilaciones térmicas.

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