e-rph 20, jun. 17 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 20, junio 2017
Gestión | Estudios
 
 
La gestión comunitaria del agua en la cara norte de Sierra Nevada: Acción colectiva y saberes etnoecológicos en los sistemas de riego de origen andalusí | José Francisco Ruiz-Ruiz, José María Martín Civantos
 
    

 

5.- Comunidades de regantes: la organización de la acción colectiva

La capacidad de las comunidades de regantes de controlar el acceso al recurso, ha sido identificado como una de las claves para el funcionamiento a largo plazo de este tipo de sistemas de aprovechamiento (Aguilera, 1987; Ostrom, 1990). Para ello, los regantes poseen normativas consuetudinarias capaces de regular este aspecto, estableciendo con total claridad el momento y la cantidad de agua que le corresponde a cada parcela y a cada regante. De esta forma el acceso al recurso queda bajo control, como también otras muchas cuestiones como la resolución de conflictos entre regantes, la conservación de infraestructuras de riego, la toma de decisiones comunitarias, etc.

En el Marquesado del Zenete existe una comunidad de regantes(9) en cada municipio que se encarga de gestionar el sistema de riego local. Existen algunas excepciones a esta norma debido a que algunos pueblos que comparten las aguas están constituidos como una misma comunidad, como sucede en los pueblos de Aldeire y La Calahorra. Así, aunque en la región existen ocho municipios, las comunidades de regantes son siete(10).

Si bien cada una de ellas posee unas normativas tradicionales propias para la gestión y reparto del agua, todas responden a un modelo institucional muy similar. La composición de los colectivos de regantes viene determinada por una condición fundamental: ser propietario de una parcela ubicada dentro de la zona regable. Solo de esta forma es posible tener acceso al agua comunitaria, ya que en estos regadíos el agua pertenece a la tierra y no a las personas. Este aspecto es muy común en sistemas de riego de origen andalusí (Batista, 2001; Ruiz-Ruiz, 2013, 2014) y fue incorporado a través del artículo 153 de la Ley de Aguas de 1879 a la legislación española moderna.

Los partícipes de la comunidad constituyen la Junta General, que detenta la responsabilidad de decidir sobre los asuntos que afectan al colectivo y a la gestión del sistema de riego. La toma de decisiones comunitarias se realiza a través de un sistema de votación en el que cada propietario posee una cantidad de votos de acuerdo a la cantidad de tierra que tiene. Así, en aquellos regadíos del Marquesado del Zenete en los que la unidad local de superficie es la fanega (equivalente a 2.112 m2 ), el número de votos de cada regante dependerá de las fanegas que posea:

Se computará un voto a los que posean hasta una fanega en zona de primera o segunda, y un voto más por cada fanega o fracción, y en la zona de tercera se computará un voto hasta cuatro fanegas y otro voto más por cada cuatro fanegas o fracción de ellas. Ordenanzas de la Comunidad de Regantes de Lanteira (p: 51).

En cambio, en los pueblos que emplean unidades de medida distintas, la equivalencia entre tierra y representación es distinta. En Ferreira la unidad utilizada para medir la tierra es la blanca, que equivale a 6.000 m2. Así, en las votaciones de la Junta General los regantes que posean una superficie de tierra que oscile entre una blanca y 10 poseerán un voto, más otro voto por cada 10 blancas de más o porción. Los que posean menos de una blanca podrán asociarse entre ellos para sumar sus superficies y obtener votos.

Por otra parte, todas las comunidades poseen una serie de sanciones adaptadas a las posibles infracciones que los partícipes de la comunidad pudieran cometer. El Jurado de Riegos de cada comunidad es el órgano responsable de actuar cuando una infracción es cometida y cuenta con una serie de penas económicas que castigan comportamientos que vayan en contra de la buena marcha de la propia acción colectiva o que atenten contra el buen uso del agua y/o de las infraestructuras comunitarias. Sin embargo, en la práctica no es habitual tener que recurrir a la aplicación del régimen sancionador. La propia configuración del sistema de aprovechamiento hace que todos los partícipes se conviertan en vigilantes, ya que su propio interés los motiva a ello. Cualquiera puede verse afectado por la infracción de otro, por lo que la presión que el propio grupo ejerce a través de la vigilancia colectiva por lo general es suficiente para disuadir a los posibles infractores.




Ilustración 08. Figura 8. Las labores de vigilancia y mantenimiento del regadío son fundamentales para su conservación. Los acequieros son una parte vital de las comunidades de regantes. Autor: J. F. Ruiz Ruiz.

No obstante, cabe mencionar que el reparto de un bien escaso como es el agua del deshielo es una cuestión conflictiva, especialmente durante los veranos. Aunque la posesión de un corpus normativo claro y aceptado por todos es la mejor fórmula para prevenir conflictos, no los evita completamente. Lo más frecuente es que tengan lugar en el seno de la propia comunidad, ante lo cual el Jurado de Riegos puede mediar para solucionar el asunto de forma pacífica y ágil, normalmente con el apoyo de la normativa comunitaria:

La mayor parte de los conflictos son por cosas sin importancia: que si uno coge el agua cuando otro está regando, que este no quiere limpiar su acequia, que aquel debe una cuota de comunidad… cosas así. Son problemillas pequeños que se solucionan por la vía amistosa. Es lo mejor, porque tenemos que convivir todos con todos y una vez enfrentados ya no hay marcha atrás. Lo bueno es que las ordenanzas dicen muy claro lo que tiene que hacer cada uno, lo que está prohibido o lo que no (Presidente de la CR de Jérez del Marquesado. 15/06/2011).

En el caso de que las aguas sean compartidas con otra comunidad de regantes u otro pueblo, los conflictos pueden tomar un carácter mas problemático. Son innumerables los pleitos, históricos y actuales, existentes entre comunidades de regantes. Muchos de ellos han debido ser resueltos tras largos procesos judiciales por los juzgados correspondientes, siempre en virtud de los derechos históricos de aguas de una y otra parte. En la cara norte de Sierra Nevada existen varios casos especialmente conocidos. Del siglo XV data un pleito entre Jérez del Marquesado y Cogollos de Guadix por las aguas del río Alhorí, que parece que ya venía ocasionando enfrentamientos desde el siglo XII (Espinar y Quesada, 1993). Mucho más reciente, de 1845, es el pleito que enfrentó a los regantes de Alquife con los de Lanteira por el reparto del agua del río del Barrio (Martín, 2007). En cualquier caso, aunque la existencia de conflictos por el reparto del agua pudiera parecer un elemento de inestabilidad de los sistemas de riego, en la práctica han tenido el efecto contrario ya que, al fin y al cabo, ha sido una forma mas o menos dramática de establecer oficialmente un consenso (Ruiz-Ruiz, 2014).




Ilustración 09. Figura 9. Para realizar los repartos históricos del agua existen infraestructuras tradicionales que garantizan la objetividad de los mismos. El Partidor de Jérez realiza uno de los grandes repartos entre las acequias del regadío. Autor: J. F. Ruiz Ruiz.

Estas características institucionales buscan procurar una organización clara de las tareas fundamentales de las comunidades de regantes: la captación y reparto del agua y la conservación de las infraestructuras de riego. Estas han sido identificadas como tareas universalmente presentes en los sistemas de riego(11), cuyo cumplimiento es sintomático de la existencia de una estructura administrativa definida (Hunt, 1988) que permite organizar la acción colectiva en el desarrollo de estas tareas.

La captación y reparto del agua descansa sobre dos pilares fundamentales. Por una parte, la existencia de normativas consuetudinarias legal y socialmente reconocidas que definen los derechos históricos de las comunidades de regantes de la región a aprovechar el agua de los ríos. Estas normas además establecen cómo es el reparto entre los regantes de un mismo sistema y, en el caso de sistemas que comparten aguas, la forma en que debe realizarse el reparto entre ellos. Además de la normativa, es necesario el personal responsable de que dicha normativa se cumpla: los acequieros. Se trata de personas del entorno local, normalmente agricultores, que se encargan de repartir el agua de acuerdo a la costumbre. Son una pieza clave en los sistemas de riego, pues de ellos depende que el reparto se haga de forma eficaz y equitativa. Son expertos en el manejo del agua a los que la comunidad de regantes contrata para que gestione los repartos. Con el tiempo llegan a convertirse en autoridades reconocidas por todos los regantes.

La normativa dice que el agua de la acequia de Cogollos riega en Jérez de sol a sol y por la noche riega en Cogollos. Cada día a la puesta del sol el acequiero de Cogollos tiene que venir para cambiar el partidor y llevarse el agua hacia su pueblo. Y cada mañana cuando sale el sol yo voy al partidor y derivo el agua hacia Jérez. Así todos los días del año. Esa es la tradición y siempre se cumple. Una vez que tengo el agua en Jérez tengo que preguntar a cada regante si quiere agua y poner orden en el riego (Acequiero de Jérez del Marquesado. 01/07/2011).

En el caso de la conservación de las infraestructuras la cuestión es algo más compleja, ya que para ello es necesario que el colectivo sea capaz de organizarse y trabajar de forma conjunta. Tareas como la limpia de las acequias y presas debe realizarse cada año, normalmente al final de la temporada de lluvias, con el objetivo de limpiar el sistema de distribución de ramas, lodo, piedras y otros elementos que hayan podido caer a las acequias durante las lluvias y las crecidas de los ríos. Las balsas pueden aguantar hasta dos o tres años sin limpiarse. En cualquier caso, es necesario que, a la llegada de la temporada seca, el sistema esté lo más limpio posible, pues así será posible captar más agua y repartirla con más eficacia.

Para llevar a cabo estas tareas es norma en los sistemas de riego de la región que la red de distribución principal, es decir, acequias madre, balsas y presas, debe limpiarse por la comunidad de regantes. La directiva debe organizar la limpia, bien formando un grupo de agricultores locales que quieran hacerlo a cambio de ganar un jornal o de que les rebajen la cuota anual de la comunidad, o bien contratando personal externo si no hay otra opción. En cambio, la red secundaria de acequias debe ser limpiada por los propios regantes, de forma que cada uno es responsable de limpiar el trozo de acequia que discurre por el borde de su parcela.




Ilustración 10. Figura 10. Presidentes de comunidades de regantes repartiendo el agua del río a partes iguales. Autor: J. F. Ruiz Ruiz.

Si bien este conjunto de características institucionales y organizativas dotan de gran robustez a las comunidades de regantes, de por sí no garantizan el éxito de la gestión comunitaria a largo plazo. Existen otros factores de gran importancia, como que el colectivo opere de acuerdo a normas que sean acordes con la realidad natural en la que se ubican y que les permitan aprovecharse de los recursos disponibles sin sobrepasar la capacidad de estos. Por ello, los saberes etnoecológicos locales para interpretar y comprender el medio natural permiten construir normativas y prácticas de gestión adecuadas para la pervivencia del sistema de riego.

 

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