e-rph 20, jun. 17 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 20, junio 2017
Gestión | Estudios
 
 
La gestión comunitaria del agua en la cara norte de Sierra Nevada: Acción colectiva y saberes etnoecológicos en los sistemas de riego de origen andalusí | José Francisco Ruiz-Ruiz, José María Martín Civantos
 
     

 

1.- Introducción(1)

Sierra Nevada es la cadena montañosa más alta de la Península Ibérica. Se ubica entre las provincias de Granada y Almería, siguiendo un eje paralelo a la línea de costa mediterránea. Cada año, fundamentalmente durante el invierno, la sierra recibe en forma de lluvia y nieve una cantidad media de agua estimada en unos 620 Hm3/año (Castillo, 1999). Gran parte de este recurso queda almacenado en estado sólido en una superficie de unos 550 Km2 de sierra que quedan por encima de los 2.000 msnm. Con la llegada de la primavera comienza el deshielo y esta reserva hídrica inicia su lento descenso a través de los barrancos y arroyos que jalonan las laderas de Sierra Nevada.

Estas peculiares condiciones geográficas y climáticas dan lugar a un ciclo hídrico anual de cierta regularidad que afecta por igual a las vertientes norte y sur de la sierra, así como a los piedemontes y llanuras que circundan el macizo. En su descenso, el agua da sustento a una gran diversidad de ecosistemas, al tiempo que ofrece a las poblaciones asentadas en las laderas de la sierra una importante disponibilidad del recurso. Existen indicios evidentes de cómo el agua del deshielo ha sido empleada al menos desde la Edad Media para la creación de agroecosistemas a diferentes cotas, los cuales han sido decisivos en los patrones de asentamiento humano en la región (Martín, 2007; Trillo, 1994, 2009). Estos espacios agrícolas han sido creados a partir de sistemas de riego que, mediante mecanismos concretos para el control del agua, han permitido superar los límites biológicos que el ambiente serrano impone a la actividad agraria. Al mismo tiempo han provocado una transformación profunda del paisaje y del contexto ecológico de las laderas de la montaña.

Estos sistemas de riego se componen de una serie de elementos que permiten captar, almacenar y distribuir el agua natural para aplicarla al irrigado de las tierras de cultivo. En cada uno de ellos el agua es gestionada por los propios regantes como un recurso de uso común (Ostrom, 1990). Ellos son los responsables de su reparto y los únicos competentes para el uso de las infraestructuras de riego, siempre de acuerdo a normativas consuetudinarias que definen la forma de controlar cada sistema de riego. Los usuarios del agua de cada sistema forman parte de una misma organización, denominada comunidad de regantes, cuya labor resulta vital para la conservación de los regadíos de Sierra Nevada.




Ilustración 01. Figura 1. Limpieza de acequia madre de riego por los propios usuarios mediante técnicas manuales tradicionales. Autor: J. F. Ruiz Ruiz.

Desde el punto de vista organizacional, las comunidades de regantes son capaces de establecer mecanismos internos para la coordinación racional entre sus integrantes y para la regulación de la acción colectiva a largo plazo. Esta resulta vital para el desempeño de las tareas que tanto la gestión del agua como el mantenimiento de las infraestructuras hidráulicas demandan. Por otra parte, las comunidades de regantes operan de acuerdo a determinados saberes y prácticas etnoecológicas (Toledo, 1992) que se han definido a partir del contacto directo y prolongado con el medio natural. Gracias a estos saberes los regantes son capaces de comprender e interpretar las condiciones ecológicas, climáticas e hidráulicas que les impone la montaña a lo largo del año, para a partir de ahí poner en práctica unas estrategias de aprovechamiento u otras. Pero además, los regantes han logrado desarrollar técnicas concretas que les permiten paliar determinados condicionantes e imprevistos ambientales como las sequías, que harían imposible el desarrollo de la actividad agraria. De esta manera los regantes dejan de ser un elemento pasivo de la relación socio-ecológica.

Más allá de la función agrícola, las prácticas cotidianas que las comunidades de regantes realizan para la gestión y aprovechamiento del agua natural prestan toda una serie de servicios ecosistémicos que tienen un efecto muy positivo en la conservación del medio natural y del paisaje serrano en su conjunto. El manejo del agua a través de las acequias tradicionales contribuye a la recarga de acuíferos, a la prevención de la erosión mediante el mantenimiento de la vegetación en ladera o a la conservación de la biodiversidad asociada a los canales artificiales. Estos servicios ecosistémicos adquieren mayor relevancia si son analizados en el actual contexto de cambio climático, que ya deja sentir sus efectos en Sierra Nevada.




Ilustración 02. Figura 2. Los sistemas de riego han hecho posible el modelado de las laderas de Sierra Nevada gracias a la gestión antrópica del agua y los suelos. Autor: J. F. Ruiz Ruiz.

Según los datos del Observatorio del Cambio Climático de Sierra Nevada, el análisis de la evolución del clima desde 1960 hasta 2010 indica que la precipitación ha disminuido significativamente en Sierra Nevada, especialmente en las zonas más altas y más occidentales, mientras que la temperatura también ha aumentado en estas zonas (Pérez-Luque et al., 2015). Por otra parte, el comportamiento de la capa de nieve entre 2000 y 2014 muestra una reducción clara de su presencia y duración anual (Zamora et al., 2015). Frente a estas tendencias la actividad de los regantes de la sierra tiene unos efectos positivos claros, consiguiendo retener el agua natural durante más tiempo en las partes altas de la sierra, bien mediante técnicas como el careo del agua del deshielo en cotas altas de la sierra, que será analizada más adelante, bien mediante la conservación de la red de acequias tradicionales que actúan como capilares que mantienen húmeda la ladera serrana. Los sistemas de riego, por tanto, no solo tienen una función agraria, sino que además son un eslabón ecosistémico fundamental en la construcción y evolución de la realidad ambiental y paisajística de Sierra Nevada. En este sentido, puede afirmarse que tanto el medio biofísico como el humano forman parte de un mismo proceso de coevolución (Norgaard, 1984), siendo imposible entender ambos elementos de forma inconexa.

El objetivo de este artículo es realizar un análisis en profundidad del funcionamiento de los sistemas de riego y las comunidades de regantes ubicadas en la cara norte de Sierra Nevada, intentando comprender las claves del éxito de la gestión a largo plazo del agua del deshielo en esta región. Se profundizará en dos aspectos fundamentales, como son la organización institucional de los colectivos responsables y los saberes y prácticas etnoecológicas que estos emplean para la gestión de sus respectivos sistemas de riego. Para un análisis de este tipo se propone un acercamiento holístico a los regadíos serranos, que requieren ser vistos no solo desde una perspectiva agraria o social, sino también ecológica. A nivel metodológico, se reivindica la utilidad de la investigación cualitativa como única herramienta capaz de descifrar la complejidad de los procesos existentes en los socioecosistemas irrigados.

 

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