e-rph 20, jun. 17 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 20, junio 2017
Estudios Generales | Estudios
 
 
Las intervenciones en las rejas de la catedral de León bajo dirección de Juan Bautista Lázaro (1892-1895) | Jorge Diez García-Olalla
 
     

 

5.- Los criterios de intervención en las rejas deducidos de sus escritos

Del proyecto de 1895 se han conservado únicamente los planos mencionados, desconociendo si llegó a redactar alguna memoria, pliego de condiciones, presupuesto de las obras ejecutadas, etc. La ausencia de estos documentos hace más difícil saber el criterio y el planteamiento que siguió Lázaro en la restauración de las rejas. Sin embargo, nos aportó algo al respecto en el artículo que publicó sobre la catedral leonesa con motivo de su reapertura al culto en 1901 (Lázaro, 1901: 15-16).

Cuando Lázaro asumió la dirección de las obras, las rejas, a su modo de ver, se encontraban rematadas por barrocos aditamentos de madera, en lugar de los valiosos elementos y remates decorativos que debieron de tener, por lo que era preciso volver a recuperar los elementos originales. Añadía que, quien contemplase la rejería una vez finalizadas ya las obras, las hallaría, en cuanto le fue posible, restituidas a su primitivo ser y estado. De estas palabras de Lázaro, podemos deducir que esta intervención fue realizada siguiendo los planteamientos de “la restauración en estilo”, pues, según recogía en el artículo antes mencionado, trató de devolver las rejas a la forma original que debieron de tener. Varios años antes, en los artículos que publicó bajo el título de “El criterio artístico” (Lázaro, 1884), Lázaro había expuesto que todo lo que tuviese carácter monumental fuese de buen o mal gusto, que estuviese ligado con la historia y con las vicisitudes del edificio tenía que ser conservado, salvo que estuviese en estado de ruina inminente. Este pensamiento nos ha llevado a deducir que, o bien dichos elementos se encontraban en estado de ruina, o bien que carecían, a su entender, de carácter artístico; aunque lo más probable es que fuese el estado que presentaban, lo que le llevó a Lázaro a su sustitución, tal como se concluye de las siguientes palabras que Alberto Argüello manifestó en el artículo que escribió sobre las pinturas murales, la cerrajería y los artistas que trabajaron en la catedral leonesa:

“Fragmentos de verjas, remates, adornos, todo, en fin, cuanto faltaba en las antiguas construcciones o todo cuanto por su mal estado exigía inmediata sustitución, ha salido del taller montado al efecto, que a su vez dio origen y vida a una verdadera escuela de rejeros que con celo e inteligencia siguen las huellas de los maestros que más han sobresalido en esta importante rama del arte” (Argüello, 1901: 425).

El criterio que siguió para proceder en esta ardua labor, y al objeto de evitar equivocaciones y errores, fue, según nos dejó escrito Lázaro en el artículo con motivo de la reapertura antes mencionado, el “tomar por maestra la misma catedral, verdadero libro abierto a todo el que con buena fe y voluntad firme quiera aprender” (Lázaro, 1901: 15). Así, de los restos y casi despojos de las rejas antiguas a primera vista inservibles, sacó y obtuvo, no solo elementos para restablecerlas, sino lo que a él le importaba más: los medios y procedimientos de ejecución que, al ser de tal sencillez y precisión, pudieron ser interpretados fidelísimamente por obreros no acostumbrados a semejante clase de trabajos.

En ese mismo artículo, añadía que no existían operarios ni talleres en España para acometer estos trabajos de reparación de las rejas, por lo que no fue fácil la tarea que le correspondió realizar a Lázaro: lograr hacer resurgir este oficio perdido gracias a las buenas disposiciones y dedicación de los trabajadores.

A su modo de ver, la observación de la intervención llevada a cabo en el conjunto de las rejas ponía de manifiesto la existencia y formación de una escuela de rejeros que siguió la huella de los insignes maestros de este arte tan español y del que Lázaro tenía tanto interés.

6.- La importancia de la intervención

Tras la apertura al culto de la catedral, fueron muchos los artículos que se escribieron sobre dicho acontecimiento, así como sobre los trabajos realizados en dicho templo. En algunos de ellos se reseñaron las obras de restauración en las rejas, siendo las principales ideas recogidas por sus autores (artistas, arquitectos y personas que tuvieron relación directa con esas obras) las que se disponen a continuación. Al final se incluyen las conclusiones de la última restauración (2008) sobre su intervención.

En uno de los artículos que publicó Repullés con motivo de la reapertura del templo al culto –basado en el que Lázaro escribió para la revista la Lectura–, reseñó que, para la restauración de las rejas, Lázaro había tomado por modelo y maestro a la misma catedral, “verdadero libro abierto a todo el que con buena fe y voluntad firme quiera aprender, y así, de pedazos y despojos al parecer inservibles, ha sacado elementos para restablecer las rejas y modelos que le han enseñado procedimientos de ejecución, de tal sencillez y precisión, que han podido ser fácilmente imitados por operarios no acostumbrados a tal trabajo” (Repullés, 1901: 88-89).

También en aquellos días Alberto Argüello dio cuenta de estos trabajos en la revista Alrededor del Mundo:

“Después de minuciosa busca y recogida de los trozos de hierro extraviados y confundidos entre los escombros, se procedió a utilizarles y a construir otros nuevos, conservando el tipo y modelo de los antiguos. De esta manera, se echaron remiendos y se construyeron piezas y remates que por su ejecución y exactitud figuran dignamente en las partes restauradas.

Todas las verjas que rodean el presbiterio y todas las que guardan las capillas, ostentaban en su parte superior toscas y pesadas cresterías de madera, de gusto barroco, que en la actualidad se han sustituido por otras de hierro, más artísticas y esbeltas, en cuya caprichosa ornamentación figuran elementos y restos del antiguo material” (Argüello, 1901: 425-426).

El escultor Inocencio Redondo, antiguo trabajador de las obras, publicó un artículo en la revista Nuestro Tiempo en el que expuso que Lázaro había acometido con gran entusiasmo los trabajos complementarios de rejería (Redondo, 1901: 1018), dedicando mucho tiempo en su quehacer y organizando, para la realización de estos trabajos, talleres dotados de forja, de repujados y de fundición de bronce. Añadía asimismo que las rejas de todas clases habían quedado como recién hechas.

Isaac Martín-Granizo manifestó, en el artículo que publicó con motivo de la reapertura del templo al culto (Martín-Granizo, 1901: 373-375), que Lázaro había creado un taller de forjadores con artistas locales.

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