e-rph 20, jun. 17 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 20, junio 2017
Difusión | Estudios
 
 
La comunicación de los centros museísticos eclesiásticos en Castilla y León | Emilio de Domingo Angulo
 
    

 

Las cartelas tienen la función de identificar las obras expuestas, por tanto, el texto debe ser breve, conciso, puramente informativo y colocarse al lado del objeto (Ibid: 208) y teniendo en cuenta las características del público. En algunos espacios podemos ver cómo se expone el texto en dos idiomas, sobre todo castellano e inglés y, por ejemplo en el Museo de la Colegiata Virgen del Manzano de Castrojeriz, tienen cartelas con información en braille para ciegos, así como reproducciones que se pueden manipular, lo cual supone un valor añadido y de agradecer en beneficio de la accesibilidad de estos centros.




Ilustración 07. Figura 7: Museo Colegiata Virgen del Manzano. Castrojeriz (Burgos) ©EmiliodeDomingo.

Sería muy conveniente que en la propia cartela, se insertaran códigos Bidi o QR, con el fin de que, a través de una aplicación de los dispositivos móviles se pueda descargar más información y en distintos idiomas para todo aquel que lo desee. Un recurso barato que permite disponer de mayor información, no solo textual, sino visual y sonora y que el visitante puede capturar y, de este modo, consultarlo en otro momento.

La realidad es que muchos de estos centros museísticos eclesiásticos adolecen de falta de criterio expositivo y de elementos de información y por supuesto didácticos, que sean capaces de comunicar de forma correcta el mensaje que quieren y deben transmitir. Prácticamente todos se hallan contextualizados en tanto que su contenedor suele ser la propia iglesia, monasterio o catedral, lugar para el que se crearon las obras o por lo menos a su territorio de adscripción. Aunque generalmente es la sacristía, en el caso de las iglesias, el lugar elegido principalmente para realizar esta función museal, muchas veces la falta de espacio y la gran cantidad de obras que se pretenden exponer, desbordan este recinto y se reparten por otros lugares del templo, lo cual teniendo en cuenta que suelen ser monumentos de bella factura, también los propios espacios arquitectónicos, como capillas con sus retablos, y otros bienes muebles, configuran un todo, un espacio museable completo e integrado. Estamos de acuerdo con Elena López (López, 2009: 77) en que cuando colecciones de la iglesia abren sus puertas a los visitantes, se musealiza el propio recinto junto con las colecciones que alberga, asistiendo a una musealización integral del inmueble. Es el caso de muchas iglesias, monasterios y catedrales de Castilla y León, que en esencia configuran todas ellas un verdadero museo; eso sí, con una concepción expositiva clásica la mayoría de las veces.

Hemos hablado hasta ahora de los museos catedralicios, parroquiales y monacales, como los modelos más extendidos dentro de los centros museísticos eclesiásticos. Otra tipología que podemos encontrar en Castilla y León, son los museos imagineros de la Semana Santa. Constituyen otro género de espacio museístico donde se nos muestra la devoción y la cultura de un pueblo y sus tradiciones. Casi todos se basan en exponer los pasos que procesionan durante la Semana Santa, sin mayor pretensión que una sucesión de tronos como ocurre en Zamora o en La Bañeza. El de Medina de Rioseco, quizá es el que mejor se adapta a la nueva concepción museística en cuanto a su exhibición e información.

Por último, citaremos los centros de interpretación que la iglesia está abriendo en algunos lugares de la geografía castellano leonesa con el fin de explicar ciertos temas como, la evolución constructiva de una catedral, un fenómeno como el monacato o la historia de una orden en concreto. Ponemos como ejemplo, el área de interpretación arquitectónica de la catedral de Burgos, que a nuestro modo de ver, no consigue el objetivo para el que se creó, con demasiados paneles y textos excesivamente largos, en el que faltan medios didácticos, visuales e interactivos. Otro ejemplo lo tenemos en el Monasterio de los PP Dominicos de Caleruega (Burgos), donde el centro de interpretación de la orden dominicana intenta acercar al visitante la historia de esta orden de predicadores, pero creemos que sobra texto y faltan elementos materiales y didácticos que nos acerquen a esa gran obra. Otro ejemplo lo tenemos en el centro de interpretación del arte mudéjar en la iglesia de San Martín de Cuellar (Segovia). Por último, la colección permanente El Monacato, en el monasterio de San Francisco de Santo Domingo de Silos, que en realidad es un centro de interpretación sobre este fenómeno que transformó la cultura de Europa. Dotado de recursos visuales e interactivos, creemos que cumple dignamente su función, aunque le sobra texto en los paneles y complica algo su visita el hecho de que últimamente se monte y desmonte en función de la utilización del espacio que lo acoge.

5.- La difusión exterior de los centros museísticos eclesiásticos

Si importante es la comunicación interna entre las obras y el visitante, también lo es su difusión externa; es decir, darse a conocer al gran público. Tradicionalmente los espacios museísticos, en el mejor de los casos, se han difundido a través de recursos habituales como los carteles, las revistas y folletos turísticos, los libros de texto, las guías, los materiales didácticos y catálogos, la prensa gráfica y los medios audiovisuales clásicos, como la radio y la televisión. Con la llegada de Internet la difusión de estos equipamientos deben adquirir un alcance y un protagonismo sin precedentes ante las potencialidades inabarcables de la red (Bellido, 2003: 9). La llegada y propagación de las nuevas tecnologías de la información y comunicación vinculadas al patrimonio, están permitiendo una mayor democratización que va a marcar una nueva etapa, no solo desde la aplicación didáctica y educativa, sino desde el punto de vista de difusión, de presentar su propuesta cultural, con lo que conlleva de inmediatez, de pluralidad, de universalidad, de interactividad y participación, y todo ello, de forma gratuita o al menos muy barata.

Uno de los fines primordiales al que debe aspirar todo espacio museístico, creado para la divulgación del patrimonio que alberga, es promocionarse, ya que, como reza una máxima, “lo que no se conoce no existe”. Estas instalaciones nacen con esa filosofía y aunque algunas veces, por falta de medios, se queden en el ámbito reducido de una localidad o circunscritos a un bien concreto, las nuevas tecnologías por medio de Internet, permiten en estos momentos su máxima difusión a través de las páginas webs, de las webs 2.0, de YouTube y de todo ese mundo de las tecnologías de la comunicación y divulgación en general y de nuestro patrimonio museístico en particular. Los contenidos volcados en la web de una institución deben reflejar claramente la realidad, siendo al mismo tiempo una proyección de la imagen que ésta desea tener (Carreras, 2009:363). Además, las redes sociales, sobre todo Facebook o Twitter, permiten tener una conexión directa con el público y son muy válidas, no solo para dar información, sino para que el propio centro museístico realice evaluaciones a través de los comentarios y apreciaciones volcados en la red.

La forma de presentar el centro museístico al usuario, tiene sus particularidades muy vinculadas al mundo de la publicidad y del marketing. Hoy en día, el público no se conforma con que le den una información sobre un determinado espacio museístico, sino que espera que esa información le llegue de forma atractiva, actualizada, completa, con una buena imagen que provoque su visita. Debe haber uniformidad en el diseño gráfico, para que el público consiga una rápida identificación (Valdés, 1999: 187) del bien patrimonial en todos los elementos publicitarios que se utilicen, tanto en soporte papel como en Internet, lo que hoy se conoce como imagen de marca.

En el campo de los centros museísticos eclesiásticos el recurso tecnológico que más se utiliza son los portales webs que les permite su difusión en distintos idiomas y con diversas prestaciones como: la reserva de entradas, información sobre actividades, horarios o visitas virtuales. También en este caso son los grandes museos catedralicios y diocesanos los que cuentan con páginas webs propias, al que poco a poco se van sumando otros como el Museo de San Joaquín y Santa Ana de Valladolid, el de Arte Oriental de Ávila, Museo de San Isidoro de León y un largo etcétera. Los museos parroquiales, una vez más, se encuentran desprovistos de estas tecnologías de la comunicación.

6.- Conclusiones

Concluimos este artículo afirmando que la comunicación interna, ese feedback que debe existir entre las piezas y los visitantes, no se ha conseguido en general en los centros museísticos eclesiásticos de Castilla y León. En algunas instalaciones, las inauguradas o reformadas recientemente, vemos como se va consiguiendo, o al menos se percibe, un esfuerzo por acercar al público las colecciones a través de recursos puestos al servicio de una comunicación más efectiva. Es el caso de los mencionados Museo Oriental de Valladolid, el de Santa Teresa de Ávila o San Isidoro de León. En general, prácticamente todas requieren de una mayor presencia de la didáctica, de manera que se consiga interpretar de manera acertada el discurso expositivo para ese público tan heterogéneo que les visita cada año. Hay instalaciones donde se ha realizado un gran esfuerzo como en el Museo Carmelitano de Alba de Tormes (Salamanca), el museo de la Cartuja de Miraflores de Burgos, el Museo Oriental de los Filipinos en Valladolid o el Museo de los Condestables de Castilla en el Monasterio de las Claras de Medina de Pomar, por citar algunos.

En el caso de los museos de las grandes Catedrales de la Comunidad, la comunicación expositiva se nos antoja un tanto dispar. Hay museos en los que se aprecia el esfuerzo por mostrar las piezas y colecciones de manera adecuada, como la de León, Zamora, Salamanca o Ávila, donde a pesar de su concepción clásica, se ha acertado a la hora de exponer temática y cronológicamente las colecciones. En los de Burgos y Segovia consideramos que todavía se debe hacer un trabajo mayor en cuanto a la forma de exhibir las colecciones, quizá por falta de espacio y criterio expositivo. Los de Valladolid, Palencia, Astorga y Burgo de Osma, requieren de una remodelación en profundidad.

Hay que agradecer a muchos monasterios que se están sumando a abrir nuevos museos y mostrarnos sus tesoros de manera digna. Es el caso del Monasterio de la Vid y de las MM Dominicas en Caleruega, ambos en Burgos, el museo de arte oriental de Santo Tomás en Ávila recientemente remodelado, el Museo de Arte Sacro de Ampudia, el de Santa María de Becerril de Campos o del Monasterio de Santa Clara de Carrión de los Condes, todos ellos en la provincia de Palencia, el museo de arte Sacro de Béjar en Ávila o el de Riaza (Segovia) por poner algunos ejemplos.

En cuanto a la difusión externa, hoy en día se impone la necesidad de estar presentes en Internet a través de una página web bien configurada y dinámica que aporte a los usuarios información actualizada, completa y atractiva. Poco a poco, algunos centros museísticos están dotándose de páginas webs más intuitivas y bien estructuradas como es el caso de la Catedral de León y la de Burgos, pero todavía hay muchos museos eclesiásticos que no poseen página web propia. A veces, utilizan páginas webs recurrentes, como la del Ayuntamiento de la localidad para prestar alguna información sobre dicho centro museístico y otros, simplemente no tienen. Las redes sociales van integrándose paulatinamente en los centros museísticos eclesiásticos de la región, sobre todo en las catedrales y monasterios.

Creemos que en este capítulo, todavía le queda a la iglesia mucho recorrido en cuanto a su presencia en el mundo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Esperamos, que lo antes posible, se vaya abriendo e incorporando al mundo digital y, así podamos obtener mayor y mejor información y una comunicación más fluida que nos acerque a disfrutar de este rico patrimonio que es de todos.

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