e-rph 20, jun. 17 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 20, junio 2017
Difusión | Estudios
 
 
La comunicación de los centros museísticos eclesiásticos en Castilla y León | Emilio de Domingo Angulo
 
    

 

El patrimonio en general y los espacios museísticos en particular se han ido adaptando a las demandas del público que les ha otorgado un protagonismo que nunca tuvieron, quizás porque tienen el privilegio de hablar el idioma de la época, el de la imagen; un lenguaje inteligible para todos, idéntico en todos los países (Sallés, 1996: 139). La cultura visual representa el carácter general de la cultura moderna. Los medios visuales y el sonido se imponen al espectador y organizan la estética (Fernández, 2008: 32). Esta cuestión es la que tienen pendiente muchos museos eclesiásticos en estos momentos. Somos conscientes de que la utilización de estos recursos museográficos está condicionada, la mayoría de las veces, al presupuesto y esto a su vez, a la presencia de un profesional que supervise y asesore la concepción de la museografía.

Los espacios museísticos para presentar sus colecciones utilizan toda una serie de elementos constructivos o de soporte que acompañan y hacen más estético y cómodo el discurso museográfico. Por desgracia, existen espacios en los que casi cualquier soporte es válido para presentar las piezas, sin tener en cuenta los daños causados por la luz que incide sobre los objetos, sobre todo en elementos pictóricos y textiles o los problemas que crean los reflejos de las luces y de las vitrinas con planos inclinados (Thomson, 1998: 42).




Ilustración 04. Figura 4: Museo Parroquial Colegiata de Covarrubias (Burgos) ©EmiliodeDomingo.

Ventanas sin protección solar, soportes poco adecuados como baldas, cajonerías, cuadros expuestos a alturas inadecuadas que proliferan en algunas de las sacristías, por ejemplo, utilizadas como espacio museístico.

Un elemento importante y utilizado sistemáticamente para la exhibición de las piezas son las vitrinas, generalmente de metal y vidrio. En algunos de los museos eclesiásticos aún nos encontramos los armarios expositores de las sacristías haciendo la función de vitrinas, como es el caso del Museo del Monasterio de San Salvador de Oña o de la Colegiata de Peñaranda de Duero.




Ilustración 05. Figura 5: Museo del Monasterio de San Salvador de Oña (Burgos) ©EmiliodeDomingo.

Las vitrinas, tienen la ventaja que en ellas pueden recrearse pequeñas contextualizaciones de las obras para su mejor comprensión. Además, cumplen una estupenda función para preservar las piezas del polvo, así como del robo o deterioro. También, permiten la creación de un microclima a través de medidores de temperatura y humedad. Es conveniente introducir en las vitrinas materiales homogéneos, ya que de otra forma, cada uno de ellos puede requerir temperaturas y humedades diferentes y esto puede afectar a la conservación de las piezas.

En cuanto a los contenidos de las vitrinas, observamos en algunos museos, como el de la iglesia de San Juan en Castrojeriz (Burgos), que tienden a mostrar conjuntos completos de piezas, lo que supone un gran número de objetos similares en la vitrina (Mansilla, 2004: 110), lo cual no aporta mayor información y puede llegar a cansar al espectador. La vitrina tiene un inconveniente, aunque un tanto relativo, y es que supone una barrera entre el objeto y el visitante y por tanto puede entorpecer la comunicación (Hernández, 1994: 211-212).

Otro de los elementos de comunicación importantes son las cartelas que acompañan a las piezas. Si tenemos una serie de piezas del mismo tipo en una vitrina, no es conveniente que pongamos una cartela por cada pieza. Hay que procurar ser sistemáticos, realizando un mismo modelo de cartela para toda la exposición en cuanto a formato, color, tipografía, conceptos a incluir, y a la hora de colocar las cartelas, procurar que respeten el mismo orden, altura, etc. No es lógico que unas piezas estén acompañadas por cartelas y otras no. Esto ocurre en algunos museos eclesiásticos como el parroquial de Sasamón (Burgos).

Hay casos en los que se ha ampliado la información con un panel más grande donde aparece la historia del objeto o de aquello que se desee informar de manera más extensa. Esto permite al visitante recibir una información adicional, pero hay que hacerlo de manera adecuada, siguiendo el modelo y estética fijado. No es conveniente ni estético, como aparece en el Museo del Retablo de Burgos, ampliar la información a través de un folio plastificado, cogido con una cuerdecita al lado de la pieza.




Ilustración 06. Figura 6: Museo del Retablo (Burgos) ©EmiliodeDomingo.

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