e-rph 20, jun. 17 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 20, junio 2017
Difusión | Estudios
 
 
La comunicación de los centros museísticos eclesiásticos en Castilla y León | Emilio de Domingo Angulo
 
     

 

1.- Introducción

Si los centros museísticos, en estos momentos, están adquiriendo un protagonismo y una universalidad como nunca tuvieron, se debe sobre todo a la demanda por parte de los ciudadanos al derecho a disfrutar del patrimonio que en ellos se exhibe. Todas esas piezas y obras que nos muestran, son los vestigios materiales de nuestra historia, constituyendo un documento inigualable. Uno de los elementos patrimoniales más reconocibles para nosotros, raíz profunda y seña de identidad de nuestro pueblo como muestra de la profesión de una fe y que forma parte de nuestra historia, cultura y civilización (Sancho, 1991: 5-6), lo constituye el patrimonio cultural de la iglesia. Dentro de todo este rico patrimonio podemos destacar, no solo las iglesias, monasterios, conventos, capillas ermitas, etc, sino todos los objetos y obras de arte conservados en ellos, como son los retablos, pinturas, esculturas, orfebrería, eboraria, órganos, ropas y ornamentos textiles, sin olvidarnos de los códices y documentos. A ellos, habría que sumar otras expresiones como los ritos y manifestaciones festivas y conmemorativas que tienen una función social peculiar, y que, en un momento determinado, son susceptibles de pasar a formar parte de la colección en un centro museístico. En el caso concreto de los centros museísticos eclesiásticos exhiben las creaciones artísticas realizadas para el servicio divino, que expresan la fe y que son un extraordinario instrumento para evangelizar a cuantos las contemplan(1).

Estos monumentos han tenido y tienen una finalidad cultual, como lugar de oración, y todos los objetos y obras que conservan también tienen una función pastoral, evangelizadora, catequética, litúrgica y de identificación eclesial, abierta a toda la comunidad de los hombres y no solo a los católicos (Iguacén, 1991: 34). La importancia de conservar y acrecentar este bien con el que nos sentimos identificados y unidos a nuestra propia cultura y a nuestras raíces, ha propiciado una serie de acuerdos entre la Iglesia y el Estado para su custodia, conservación y difusión (Ibid: 37-60). Además, es un hecho constatable en todo el estado, que la organización no gubernamental que posee más patrimonio y gestiona más museos es la Iglesia católica (Ballart, 2007: 31).

Sólo en Castilla y León, en 1986, Gómez Rascón (Gómez, 1986: 10-11), en su catálogo de los museos eclesiásticos selecciona 36, según las pautas universalmente aceptadas del ICOM, prescindiendo de otros que, con poco rigor, utilizan el nombre de museo. En 2003, Jorge Juan Fernández, en su catálogo: Museos y Colecciones de Castilla y León (Fernández, 2003: 9-15), lo amplía a 79, repartidos por todas las provincias de Castilla y León. Sin embargo, la Asociación de museólogos de la Iglesia de España en 2017, solamente recoge en su catálogo 22 centros, poniendo el énfasis en los museos catedralicios y diocesanos y obviando prácticamente el resto(2).

La clasificación que podemos hacer está definida por la procedencia de las obras que acogen y quedaría resumida en los siguientes tipos: diocesano, catedralicios, parroquiales, monásticos, de cofradías, de instituciones religiosas y de carácter mixto (Hernández, 1994: 103) (De la Peña, 2012: 156), además de algunos centros de interpretación.

Desde hace unas décadas, comprobamos, cómo la Iglesia ha desarrollado su necesidad de compartir ese patrimonio mueble que guardaban celosamente en sus ámbitos arquitectónicos para sacarlo a la luz y disfrute de todos. Por supuesto que catedrales e iglesias, hace más de un siglo, ya contaban con museos, pero nunca con la proliferación a la que estamos asistiendo en estos momentos. Una transmisión de conocimiento que va a permitir, además, valorar ese patrimonio y por tanto protegerlo de manera más decidida.

Los museos eclesiásticos en Castilla y León han sufrido una gran transformación museográfica y desde el punto de vista expositivo e incluso didáctico, como por ejemplo el museo Oriental de los Agustinos en Valladolid, el de Santa Teresa en Ávila o el de San Isidoro de León. En este último, se ha cambiado el hilo conductor de la exposición que sigue un criterio histórico cronológico, tratando de interrelacionar continente y contenido, es decir, los espacios expositivos con las piezas que se muestran en cada uno de ellos (Jaén, 2016: 15). Sin embargo otros todavía conservan una museografía clásica.

Está muy bien el poner en valor y exhibir todo este legado, estas colecciones y obras, pero entendemos que hay que hacerlo con un criterio didáctico y educativo, con conocimiento de a quién va dirigido, no simplemente para subrayar obras de importancia. Es necesario exponer el patrimonio religioso de una manera clara y accesible, aplicando los nuevos criterios museográficos, los cuales, además de potenciar su valor histórico y cultural, enfatizan de una manera elocuente su función pastoral. Los diversos valores que transmite el patrimonio religioso no tienen que ser excluyentes sino complementarios (De la Peña, 2012: 164). El visitante actual no busca solamente la visión artística de los objetos, sino mayor información y de manera más rápida: conocer cómo se han realizado, por qué surgieron en aquel lugar y aquella época, quiénes fueron sus mecenas o promotores, qué materiales y técnicas usaban, cuál era su función, qué dio origen a esa festividad, a esa representación, etc. y todo ello como una búsqueda de la identidad del individuo frente a la globalización cultural. Debemos potenciar que las obras cuenten su historia, valiéndonos de diferentes medios y recursos; conseguir que el visitante salga comprendiendo lo que ha visto, que haya vivido una experiencia y además se haya divertido. Creemos que al patrimonio eclesiástico todavía le falta comunicarse de manera más efectiva y transmitir su mensaje a través de un lenguaje actual, que no es otro, que el que ponen a nuestro alcance los medios modernos de la información y la comunicación.

2.- Objetivos

El objetivo principal de este artículo es proceder, a través de una amplia muestra de los centros museísticos eclesiásticos repartidos por la extensa Comunidad de Castilla y León, a la investigación y análisis de la comunicación de ese patrimonio museístico eclesiástico, tanto de manera externa como interna; cómo se ha desarrollado a lo largo del tiempo en los escasos centros museísticos que han existido en Castilla y León, hasta que a partir de un momento dado, se han sumado una serie de nuevos museos y otros equipamientos surgidos recientemente con el nombre genérico de centros de interpretación, constituyendo el rico y diverso panorama con el que contamos en la actualidad.

El contexto en que han surgido estos espacios culturales, su razón de ser, su puesta en escena, los elementos museográficos y técnicos que utilizan para acercar al público ese bien patrimonial, cómo se publicitan y los distintos medios de comunicación por el que se dan a conocer, lo que aportan al mundo de la cultura y el turismo van a ser otros de los objetivos de este artículo de investigación.

3.- Metodología

En cuanto a la metodología, hemos partido de un enfoque teórico sobre la llamada “nueva museografía”, por medio de la consulta de numerosa bibliografía, estudios y publicaciones aparecidos sobre las nuevas técnicas de comunicación vinculadas al mundo de la museología, como son las técnicas museográficas, la forma de presentar el patrimonio desde el análisis de la comunicación educativa y didáctica del patrimonio, las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación al servicio de estas nuevas instalaciones, así como estudios de público y de los servicios que ofrecen los espacios museísticos a la sociedad.

Partiendo de la idea de que prácticamente todo comunica en el terreno museístico, desde el edificio, pasando por la exposición de las colecciones, la museografía, las personas que atienden dicho espacio, los servicios que prestan, etc., concebimos una ficha técnica elaborada ad hoc, para llevar a cabo el trabajo de campo y de recogida de datos. Por medio de esta herramienta, hemos recopilado información sobre aquellos recursos que utiliza el centro museístico, tanto para su comunicación interna, es decir, la exhibición y comunicación de las colecciones con el visitante, como para su difusión externa. Otro recurso muy útil a la hora de analizar la museística de estos centros, ha sido la propia observación directa de su exposición, así como la visita a sus páginas webs y otros canales. Este análisis nos ha proporcionado una serie de resultados que pondrán en evidencia la forma en que se comunica el patrimonio museístico eclesiástico, en relación con las nuevas tendencias de la museografía y que al final, y como colofón, quedarán plasmados en las conclusiones.

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