e-rph 19, dic. 16 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 19, diciembre 2016
Instituciones | Estudios
 
 
El profesional de la museología social. Competencias, habilidades y futuro para su implicación en el desarrollo territorial | Óscar Navajas Corral, Jesús Fernández Fernández
 
     

 

5.- Competencias, habilidades y obligaciones

(…) la necesidad de que el museólogo sea un profesional preocupado por su capacitación técnica, abierto, y al servicio de toda la sociedad (…).

(Francisco Javier Zubiaur, 2007).

Con los cambios que se produjeron en la visión que se tenía sobre los museos a partir de la segunda mitad del siglo XX, y con la trayectoria de la Nueva Museología en España, podemos trazar las competencias, habilidades e incluso «obligaciones» del profesional de la Museología Social del siglo XXI.

El conservador de museos, el museólogo, es un profesional que tiene dos hemisferios (Carretero, 1996: 32). Por una parte, es un técnico que posee unos conocimientos especializados y académicos que le permiten desarrollar metodologías para la conservación, la investigación y la comunicación. Por otra, es un profesional que pone en práctica dichos conocimientos para generar sinergias entre el museo, el patrimonio, la comunidad y la realidad social, cultural y económica del territorio en el que se encuentra. No debemos olvidar que este museólogo debe hacer frente, como describiría Díaz Balerdi (1994: 53-56), a todas las alteraciones de la psique y a las patologías a las que la institución está de por sí sometida: Amnesia, ya que colecciona unas cosas pero no otras; Manipulación, presentando sus colecciones con un guion determinado y contando algo de forma parcial; Delincuencia, puesto que una parte de la historia del museo se encuentra en los botines de guerras; neurosis por el «ritual», que se traduce en las normas de comportamiento en sus instalaciones; Obesidad, pues el museo parece destinado a engordar de forma compulsiva sus colecciones para perfeccionar las lagunas de su metaçrrelato, o para estar vivo, ser contemporáneo, en su momento histórico; Y, finalmente, fetichismo, es decir, la custodia recelosa y obsesiva por parte del profesional del museo del objeto como una entidad personal.

Si recogemos las palabras el museólogo chino Liang Jisheng (1987:295), «el buen funcionamiento de un museo y su influencia sobre la sociedad dependen en grado sumo del nivel científico y cultural de su personal». Esto, llevado a nuestro objeto de estudio supone que, por un lado, el museólogo, comunitario o no –si es que en el fondo se puede hacer esta distinción– debe tener presentes las funciones «clásicas» de la museología: conservar, investigar y difundir y, por otro lado, debe desarrollar otras competencias y habilidades:

  • Gestión. El desarrollo comunitario necesita de habilidades que están cerca de la gestión económica, pero sin perder la perspectiva social, sin convertir la cultura en un mero bien de consumo, sino en un instrumento para contribuir a la transformación social.
  • Visión global del territorio. El territorio debe ser percibido como el espacio vivencial de la comunidad y donde históricamente se han producido la relación entre naturaleza y ser humano.
  • Comunicación. Esta competencia es entendida tanto desde el punto de vista de comunicación interna con las personas involucradas con la iniciativa, con los diferentes agentes externos que pueden verse implicados, formando una red de trabajo, como desde el punto de vista de la disciplina de la Comunicación e Interpretación del Patrimonio, que permite calidad en las visitas del sector turístico y, más importante, el adecuado acercamiento del patrimonio a la comunidad convirtiéndose en un vehículo de reflexión y de pertenencia territorial e identitaria.
  • Dimensión educativa. La mejora de la relación del individuo con su entorno se realiza desde una concienciación y una potenciación de la cultura crítica, que debe trabajarse desde los diferentes niveles educativos, pero sobre todo desde la educación informal, la más cercana a las vivencias individuales y grupales.
  • Multidisciplinariedad y multifocalidad. El nuevo museólogo debe fomentar el encuentro de lo académico, lo científico, el activismo, la población local y las demandas sociales, creando espacios de intersección entre las diferentes disciplinas, grupos, colectivos, tecnologías, etc.
  • Turismo. La potenciación del sector servicios se convierte en una acción más para el proceso de desarrollo del territorio y para la re-valorización del sentimiento de «orgullo» por parte de la comunidad, pero no debe convertirse en el foco de la «supervivencia» o la meta final del proyecto. Más que un turismo que «depreda» se trata de fomentar un turismo reflexivo: ir de las experiencias a las conciencias.

Por último, y quizás la característica más importante, que debe poseer este profesional en la actualidad es la obligatoriedad de la vinculación y militancia con el proyecto. La evolución de la profesión hacia la socialización del museo y el usuario se ha quedado dentro de la museología tradicional, en algunas ocasiones, en el esquema objeto–comunicación, haciendo hincapié en los aspectos museográficos como generadores de diálogo, preguntas y reflexión. El museólogo comunitario, sin dejar de lado los aspectos comunicacionales, se mueve en un esquema objeto–identidad; donde la importancia no radica tanto en qué nos cuenta el objeto, sino qué es lo que la Memoria individual y colectiva nos dice de él, y cómo puede volverse un útil para el futuro de esa comunidad.

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