e-rph 19, dic. 16 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 19, diciembre 2016
Instituciones | Estudios
 
 
El profesional de la museología social. Competencias, habilidades y futuro para su implicación en el desarrollo territorial | Óscar Navajas Corral, Jesús Fernández Fernández
 
     

 

3.- La Nueva Museología en España

De la misma manera que en otras épocas un pueblo sin iglesia quedaba al margen de la comunidad de creyentes, hoy en día un pueblo sin museos no está presente en el mapa cultural y queda al margen de los circuitos turísticos.

(Xavier Roigé, 2009).

Las ideas que hemos reflejado en las líneas anteriores se circunscriben al entorno internacional y a una serie de países. En España este panorama debido a su particular historia contemporánea hizo que llegase con cierto retraso, provocando que tanto la Nueva Museología como el desarrollo del profesional implicado en ella se desarrollase con unas características propias.

España estuvo sumida en un régimen dictatorial durante casi cuarenta años (1939-1975), lo que supuso un «paréntesis» con las corrientes intelectuales, culturales y sociales internacionales. El retorno a la democracia se desarrolló de forma gradual y sin rupturas. La transición hacia el sistema de libertad permitió la descentralización administrativa y el Estado de las Autonomías, otorgando a los gobiernos regionales y locales cada vez mayores competencias en materia cultural y patrimonial, lo que traería consigo un crecimiento del desarrollo de procesos de patrimonialización y musealización a nivel local como nunca se había constatado en la historia de nuestro país.

La Constitución de 1978 intentó aglutinar y cohesionar las diferentes inquietudes y necesidades de las «nuevas» autonomías, tanto para constituir ese sistema de libertad como para que ellas mismas fueran protagonistas en la recuperación y gestión de su identidad, de su patrimonio y de su territorio. El artículo 148 reflejaba que los gobiernos regionales asumirían las competencias en materia de ordenación del territorio (artículo 148. 1. 3º), museos, bibliotecas, conservatorios de música (Artículo 148. 1. 15º), y en lo referente al patrimonio monumental de interés para la Comunidad Autónoma (Artículo 148. 1. 16º).

En este sentido, las primeras elecciones municipales supusieron un hecho relevante para la nueva configuración social y cultural del país, ya que el municipio, la entidad más pequeña de la estructura estatal, adquiría una gran autonomía y flexibilidad de actuación en materia museológica y patrimonial. Además, la sociedad que se fraguaba en este contexto se introducía a marchas forzadas en la sociedad del bienestar: ampliación del tiempo de ocio, consolidación de la industria turística, acceso a la cultura, etc. (Layuno, 2002: 12-13).

Todo este proceso hizo que España, en materia museológica y patrimonial, experimentara un boom en la creación de instituciones culturales, sobre todo de las dedicadas al arte contemporáneo, pero también para aquellas destinadas a la recuperación de la diversidad cultural de cada territorio. Una «sed de raíces» parecía haber obsesionado a la generación de la transición (Bolaños, 2008: 497). Una «obsesión» comprensible si se tiene en cuenta el pasado más reciente y que se traduciría, como indicara la propia María Bolaños (2008) en: nostalgia, culto a lo local, un discurso costumbrista en las planificaciones museográficas, un nacionalismo insatisfecho en algunas ocasiones, y la congelación museológica y utilitarista.

La museología local comenzó a ser la protagonista en la década de los noventa y en regiones donde la industria turística enfocada en el Sol y Playa no se había desarrollado. El propio proceso político derivado de la transición generó una búsqueda de raíces y de identidad común, al mismo tiempo que se producía un proceso de «desagrarización», cambiando el sistema de usos agrarios e industriales por un turismo rural y cultural. Estos procesos tuvieron como consecuencia la entrada de planteamientos museológicos, patrimoniales y pedagógicos, tanto teóricos como prácticos, estrechamente vinculados a la Nueva Museología y al Desarrollo Comunitario que comenzaban a implantarse desde las directrices de la Unión Europea.

El aumento del interés por la Antropología, la Etnografía y la Etnología, unido a todo lo mencionado anteriormente, hacía que los museos locales se convirtieran en vehículos de dinamización del mundo rural en un entorno ajeno al de los grandes museos (Martínez, 2007: 145). La mayoría de ellos nacieron con la intención de recuperar la identidad de un entorno concreto, bajo la decisión política o la voluntad de colectivos sociales, asociaciones, etc., y se instalaron en edificios recuperados para custodiar colecciones que recogían los modos de vida tradicionales (protoindustriales).




Ilustración 01. Ecomuseo del Río Caicena (2013-2016). Fuente: Óscar Navajas Corral.

En este punto debemos hacer un inciso en dos características que acompañaron al crecimiento (descontrolado en algunos casos) de museos, centros de interpretación y equipamientos culturales locales y que, en cierta medida, supusieron que la Nueva Museología como organización no tuviese un calado y una presencia como la que tuvo en otros países. Estas características han sido el Desarrollo Comunitario y la propia evolución de nuestra legislación en materia de patrimonio y museos.

Atendiendo al primer punto, el Desarrollo Comunitario, la entrada en la Unión Europea a finales de los años ochenta nos permitió poder postular a los programas de Desarrollo Rural con los fondos estructurales FEDER. Gracias a estos fondos, las zonas con mayores problemas económicos y sociales se vieron beneficiadas de ayudas que no solo estaban destinadas a reactivar la economía, sino que, además, sirvieron para la recuperación del patrimonio y la identidad de cada territorio.

En cuanto al segundo punto, la descentralización del país en Comunidades Autónomas tras el retorno de la democracia hizo que cada región pudiera legislar para la protección de sus bienes naturales y culturales. Desde que se publicase la Ley de Patrimonio a nivel estatal en 1985, se han ido sucediendo hasta día de hoy las distintas normativas que regulan y protegen la «idiosincrasia» de cada territorio (las regiones de Castilla la Mancha y de Madrid renovaron sus leyes de patrimonio cultural en 2013). Esto ha provocado que encontremos figuras de protección como: Paisajes Culturales, Espacios Culturales, Lugares Etnográficos, Parques Culturales, Zonas Culturales, etc.; todas ellas con delimitaciones difusas y con características que las asemejan a las tipologías de la Nueva Museología, como los ecomuseos, museos comunitarios, territorios museos, etc.

No obstante, de toda la vorágine de proyectos de museología local y territorial que se desarrollaron en el territorio español a partir de este panorama, algunos fueron algo más que meros equipamientos culturales y se convirtieron en auténticos exponentes de la Nueva Museología. Nos referimos a casos como el del Maestrazgo en Teruel, el de Allariz en Orense, Valls d’Àneu en Lérida, el Ecomuseo del Río Caicena en Córdoba o el Parque de Miraflores en Sevilla.




Ilustración 02. Sede del Museu Terres del Ebre (2013-2016). Fuente: Óscar Navajas Corral.

En la actualidad algunas de estas experiencias se han transformado en otro tipo de iniciativas y otras continúan mostrando el mismo espíritu con el que nacieron. Pero lo que sí es cierto es que, en nuestro país, desde que algunas voces (pocas) en los años ochenta clamaran por renovar la museología tradicional e incorporar los planteamientos de la Nueva Museología, y pese a que ha existido una escasa voluntad política por potenciar este tipo de experiencias comunitarias, los postulados de esta museología han ido calando, al menos en las planificaciones y en los manuales de gestión patrimonial y museológica. Buena muestra de ello es que existen en España más de setenta iniciativas con el apelativo ‘ecomuseo’ (Navajas, 2012), que numerosos colectivos gestionan de forma horizontal y participativa el patrimonio y los museos de nuestro territorio, y que la propia Subdirección General de Museos Estatales del Ministerio de Cultura tiene una línea de actuación denominada: Museos + Sociales. Esto no quiere decir que todos ellos compartan las ideas de la Nueva Museología o las pongan en práctica, pero sí que podemos encontrar espacios en activo que actúan bajo dichos parámetros, como el Museo del Ter (Cataluña), el Museu Terres de l’Ebre (Cataluña), el Ecomuseo de Castilléjar (Andalucía) o La Ponte-Ecomuséu (Asturias) que trataremos más adelante.

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