e-rph 19, dic. 16 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 19, diciembre 2016
Instituciones | Estudios
 
 
El profesional de la museología social. Competencias, habilidades y futuro para su implicación en el desarrollo territorial | Óscar Navajas Corral, Jesús Fernández Fernández
 
     

 

1.- Introducción

¿El Aleph? Repetí
Jorge Luis Borges, 2003

En el sótano de la casa de Carlos Argentino, en la calle Garay de Buenos Aires, a Borges se le apareció el Aleph: «el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos» (Borges, 2003). El Aleph se le reveló en plena oscuridad, como si la luz nublase el conocimiento e hiciese falta una profunda oscuridad para que se manifestase.

El Aleph es una de las metáforas más complejas y, al mismo tiempo, más simples del universo borgiano. Es sencillo imaginar cómo un recinto como el de una esfera puede contener todo el universo (conocido), despertando todos los recuerdos, emociones y el bagaje de cada uno de los que consiguen verlo. Ya que esto último es otro asunto: no todo el mundo puede verlo, no todo el mundo, quizás, quiera verlo o esté preparado para interpretarlo. Simultáneamente, resulta tan complejo concebir que un mismo espacio cerrado albergue algo infinito, donde se encuentra todo lo que conocemos y lo que desconocemos. En esta dualidad es prácticamente imposible no emparejar la idea de Aleph con la de Museo.

Los museos, sin distinción de tamaño, tipología o «calidad» de las colecciones que posean son irremediablemente un Aleph. Cada uno de ellos son un universo que alberga infinidad de universos, puesto que un museo no está limitado por su contenido sino por la mirada que se dirige hacia éste. El contenido de una institución museológica es, o debería ser, la base de donde parten las diferentes ramificaciones que construyen la Historia, las historias, el entorno, las identidades, los relatos y los metarrelatos; en definitiva, la vida de una comunidad o una sociedad y de un territorio. Y en este universo el profesional del museo, el museólogo, es en este sentido el propio Borges, el escéptico que finalmente consigue abrir los ojos y ver el Aleph. Pero ¿Todos los museólogos consiguen verlo? ¿Y de forma completa? Y si lo ven ¿Qué hacen con él? En teoría un museólogo se dedica a esta profesión porque en algún momento de su vida siente el Aleph dentro de sí, como lo sentía Borges, y desea dejarlo salir para compartirlo con la sociedad.

¿Qué Aleph dejamos en libertad? ¿Cuál enseñamos? ¿A quién? ¿Para qué? ¿Y qué habilidades necesitamos para hacer todo esto? El presente artículo pretende desarrollar una reflexión sobre la evolución del profesional vinculado a los presupuestos de la Nueva Museología en el siglo XXI. Para ello, no solo se analizará la actualidad de sus parámetros y el estado en el que se encuentra, sino que se ejemplificarán desde una de las experiencias comunitarias del actual panorama museológico comunitario español, La Ponte-Ecomuséu (Asturias).

2.- Nueva Museología y Museología Social

La Nueva Museología fue un movimiento que surgió en un contexto histórico, social, cultural y económico determinado, y como reacción ante el «inmovilismo» de los museos y de la disciplina que vela por ellos, la Museología. En las décadas de los años sesenta y setenta, profesionales de diferentes países (Francia, Canadá, México, EE.UU., etc.) comenzaron a desarrollar procesos de patrimonialización y musealización fundamentados en el protagonismo de los miembros de la comunidad en los que se insertaban. Esto suponía modificar los parámetros «clásicos» con los que socialmente se entendía el concepto de Museo, es decir: pasar de un edificio a un territorio, de una colección a un patrimonio integral y de un público a una comunidad entera. Pero también suponía enfatizar la función social de los museos, en ocasiones, por encima del resto de funciones; y aplicar metodologías ligadas al desarrollo territorial mediante equipos multidisciplinares.

Estos planteamientos, por una parte, obtuvieron el rechazo de una parte de los profesionales y de las instituciones museológicas y patrimoniales, pero, por otra, tuvieron una gran acogida para quienes los parámetros y metodologías de la llamada Museología tradicional eran insuficientes a la hora de acometer proyectos enfocados en la acción social y el desarrollo territorial.

En 1985 nacía el Movimiento Internacional para una Nueva Museología (MINOM). Asociado al Consejo Internacional de Museo (ICOM-UNESCO) desde 1986, el MINOM se constituía como el espacio a nivel internacional en el que tenían cabida toda una vorágine de experiencias: ecomuseos, museos comunitarios, museos de barrio, etc.; y toda una serie de acepciones: ecomuseología, museología comunitaria, museología territorial, etc.

La evolución del panorama económico y social a nivel mundial de las décadas siguientes hicieron que esa Nueva Museología dejase de ser «nueva». Numerosos de sus planteamientos fueron asimilados por la propia museología tradicional, haciendo que quien debía ahora renovarse era ella. Esto es precisamente lo que ha ido realizando en los últimos años.

Apenas cuatro años después de la creación del Movimiento, en 1989, Fernando Santos Neves, rector de la Universidad Lusófona, coincidiendo con el lanzamiento de los Cadernos de Socimuseologia, acuñaba el término de «Sociomuseología» (Dos Santos, 1993: 5; Stoffel, 2012: 8). La Sociomuseología se configuraba como heredera de los procesos sociales de las décadas de los sesenta y setenta y, por tanto, también de la Nueva Museología, pero adaptada a las condiciones de la vida contemporánea (Moutinho: 1993 y 2012).

A la Sociomuseología se unió la Altermuseología (Mayrand, 2007) y la Museología Social. Aparecían otras nuevas museologías, otras nuevas museografías, afines la mayoría de ellas a las necesidades de las sociedades contemporáneas. Un conglomerado de expresiones, cada una con una definición específica, pero todas con planteamientos comunes. Quedaba la cuestión de discernir qué denominación se consideraba la más adecuada para englobarlas a todas sin discriminar a ninguna: ¿Museología Comunitaria, Sociomuseología, Altermuseología...? Todas ellas, en realidad, eran el testigo de un sentimiento global y de una filosofía común. Respondiendo a la pregunta de cuál es la denominación para este tipo de museología, la respuesta se encuentra en distinguir que la Nueva Museología es considerada la raíz de la que nacen todas ellas, que el MINOM es la organización para profesionales y experiencias que potencian la función social de los museos y los procesos de patrimonialización de base comunitaria, y que cada denominación específica se enmarca dentro de un territorio y una idiosincrasia concreta.

Si bien es cierto, en la actualidad comienza a predominar el uso del término Museología Social sobre el de Nueva Museología. Ambas se usan como sinónimos, pero la acepción de Museología Social está sirviendo para eliminar estereotipos heredados del momento de ruptura entre los partidarios de aquella «nueva» o «vieja» museología, y para poder englobar bajo un mismo paraguas pensamientos e investigaciones a nivel mundial cuyos esfuerzos estén en la parte más social de los museos(1).

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