e-rph 19, dic. 16 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 19, diciembre 2016
Estudios Generales | Estudios
 
 
Las posadas y ventas en los caminos de Granada a Levante en la cartografía del XIX. Herramientas para su inventario | Rosario Baños Oliver, Juan Carlos Molina Gaitán, Isabel Bestué Cardiel
 
     

 

Además de en estos puntos estratégicos, las ventas y posadas se situaban en los cruces de caminos de cierta entidad y dispuestas a determinadas distancias unas de otras. Todo viaje que requiriese más de una jornada hacía necesario un lugar para el descanso y refresco de los viajeros y, sobre todo, de sus animales, de ahí la necesidad de ubicarlas a una menos de una jornada de viaje. Las bestias, encargadas del tiro de los carros y del transporte de mercancías; constituían el motor de sangre, el medio de transporte que necesitaba de un establecimiento en el que poder llevar a cabo el relevo de tiros, un lugar donde poder cambiar los exhaustos animales por otros en buen estado y así continuar con el viaje.

En el siglo XVI surgen los viajes por posta. Las postas eran estaciones dispuestas a lo largo de los principales caminos con la finalidad de que las noticias del reino, el correo real, llegara lo más rápido posible a la Corte. Se ubicaron en edificios de nueva planta o en posadas y ventas existentes, de ahí que algunas de estos edificios tuvieran una doble función, la de posada y la de posta, y que coincidiera en la misma persona la figura del ventero y la del maestro de postas (García, 2008: 171).

La "Guía de Postas y Travesías de España" de Bernardo Espinalt, publicada en 1794, señala las rutas o carreras que parten desde la Capital del Reino marcando las leguas que hay entre las múltiples paradas. Asimismo, señala los precios que había que pagar por la licencia necesaria para correr la posta, calculada según los caballos o animales alquilados y leguas recorridas.

Fue a partir del siglo XVIII cuando el gobierno tomó conciencia de la importancia y necesidad de un sistema racional y funcional de caminos y comenzó su modernización. Esto se tradujo en un aumento de los viajes y del tráfico de mercancías, incrementando el número de posadas y de ventas y provocando a su vez la competencia entre ellas (García, 2008: 181). Además, estos establecimientos eran también el lugar de parada de la diligencia:

“Los relevos de caballos se hacían cada diez o doce kilómetros, en las ventas situadas para el caso, donde se encontraban dispuestos los caballos de relevo, avisados con antelación por medio de un toque de trompeta, llamada cuerna. El tiempo gastado en el desenganche y enganche de caballos, que era breve, se aprovechaba por los viajeros para el descanso y refrigerio de sus cansados cuerpo” (Sala, 1972: 172).

La aparición de esta tipología de equipamiento viario fue, en definitiva, consecuencia de la necesidad de hacer un alto en el camino en el transcurso de un viaje, para tener un lugar donde poder descansar y guarecerse de las inclemencias del tiempo y poder parar y alimentar a las bestias. En el siglo XIX, además, surge una nueva razón para el emplazamiento de estas estaciones de descanso: la llegada y el florecimiento del ferrocarril propiciaron la aparición de estas construcciones en los lugares donde éste tenía parada.

3.- Los caminos de Granada al levante peninsular

La ruta de Levante utilizó durante siglos, sin apenas variaciones, el antiguo trazado romano, la antigua Vía Agusta (A.A.V.V., 1989: 159). Partiendo de Granada, y tras atravesar la Sierra de Huétor, trascurría por Guadix y Baza hasta alcanzar Vélez Rubio. Una vez allí, el viajero del siglo XIX tenía dos itinerarios posibles. Podía llegar hasta Murcia por el viejo camino de herradura, que pasaba por Xiquena, Lorca y continuaba hasta Murcia o Cartagena. Era la ruta más corta, pero a su vez la más complicada, al presentar un pésimo estado, lleno de dificultades (Lentisco, 1997: 92).

El segundo tramo alternativo era más moderno(4). En esta ruta se descendía desde Vélez Rubio, a través de los Llanos de Viótar, la rambla de los Vélez y posteriormente la rambla de Nogalte, hasta Lumbreras desde donde se continuaba hasta Lorca (Lentisco, 1997: 92). En general, los viajeros criticaban duramente esta ruta de viaje en sus escritos y en sus diarios de viaje, como bien hizo el viajero francés Jean Peyron en 1772:

“De Lumbreras a Vélez Rubio hay caminos horribles, se hacen cerca de cinco leguas sobre una rambla o torrente; es la Rambla de Nogalte; no teniendo otra perspectiva nada más que la de los desiertos, rocas peladas, y estando rodeado de altas montañas que, pronto, en invierno, están cubiertos de nieve” (Lentisco, 1997: 90).

El camino continuaba desde Lorca hasta Murcia por el “Camino de Granada”(5) y en el caso de los viajeros que se desplazaban hasta el reino de Valencia, continuaban por el camino que comunicaba con Alicante pasando por Orihuela.

Además de las rutas anteriores, surgió un nuevo itinerario de viaje entre los reinos de Valencia y Granada, conocido como el “Camino de los Valencianos”, que ya en el siglo XIII comunicaba ambos reinos por el interior de la Región de Murcia y que partía de Cúllar de Baza hasta Galera, pasando por Huéscar y la Puebla de Don Fabrique, donde se adentraba en territorio murciano por Caravaca de la Cruz, Calasparra, Jumilla y Yecla hasta llegar a tierras alicantinas(6).




Ilustración 02. Mapa de los posibles itinerarios de acceso a Murcia desde Granada. Elaboración propia.

A finales del siglo XVIII y durante el XIX, se comenzaron a realizar modificaciones y mejoras en los puntos más conflictivos de los caminos, abriéndose nuevas rutas. Sin embargo, en los libros de los viajeros extranjeros que a menudo transitaban por estos trayectos, la alusión a la precariedad y a las pésimas condiciones de estos caminos será una constante(7).

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