e-rph 19, dic. 16 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 19, diciembre 2016
Difusión | Estudios
 
 
Gustavo Giovannoni y la didáctica de la arquitectura. Recepción en España a través de Leopoldo Torres Balbás | Belén Calderón Roca
 
    

 

Atenas fue sin duda un escenario crucial para el intercambio de posturas. Fueron diez días de intenso contacto, no sólo durante las sesiones de trabajo, sino además en las diversas actividades de convivencia que entraña un congreso de estas características: excursiones realizadas en grupo, visitas a instituciones, recepciones de personalidades griegas, desayunos y almuerzos de trabajo, etc.(7). Sin embargo, sostenemos que los contactos entre Leopoldo Torres Balbás y Gustavo Giovannoni se remontan a fechas precedentes. En el Congreso de Historia del Arte celebrado en París del 26 de septiembre al 5 de octubre de 1921, Torres Balbás se mostró entusiasmado al conocer a prestigiosos historiadores del arte europeos, como Paul Leon o Adolfo Venturi, Académico de gran prestigio internacional, que a su vez mantenía una estrecha relación con Giovannoni, si bien, controvertida en sus últimos años. El arquitecto español participó en una sección sobre restauraciones de monumentos con su comunicación: “Inventario y clasificación de los monasterios cistercienses españoles”, donde se abordaron problemas y soluciones de aquellos monumentos afectados por los desastres bélicos. No podemos afirmar con certeza que este congreso fuese la antesala de la conferencia de Atenas, pero sí manifestamos de forma contundente que ya era sabedor de las intervenciones urbanísticas y restauradoras que se estaban llevando a cabo en Italia, pues años más tarde efectuó un viaje que resultaría crucial en el rumbo que adquirió su pensamiento.

En abril de 1926 Leopoldo Torres Balbás inició un periplo por Italia, tras haberle concedido la Junta de Ampliación de Estudios una pensión por un importe de 24,16 pesetas diarias, lo que le permitió conocer de primera mano las tendencias pioneras sobre conservación monumental. En su peregrinaje italiano visitó las ciudades de Venecia, Bolonia, Florencia, Pisa, Ferrara, Génova y Nápoles, y residió dos meses en Roma. Durante su estancia en la ciudad eterna pudo visitar las actuaciones de sventramento y liberación de monumentos que se estaban ejecutando en las principales zonas arqueológicas. Además, frecuentó importantes círculos institucionales, posiblemente mediante invitación, lo que le posibilitó conocer de forma más precisa el carácter de las intervenciones: “En Génova cambió impresiones con el Subintendente de Bellas Artes y Monumentos de la Liguria, estudiando los edificios de interés de la ciudad (…). En Roma púsose en comunicación con las personas oficialmente encargadas del servicio de excavaciones y bellas artes y con las interesadas en tales problemas, especialmente con don Adolfo Venturi, profesor de la Universidad de Roma y don Antonio Muñoz, subintendente de Monumentos y Bellas Artes del Lazio (…) pasando por Nápoles, pudo ver en Pompeya la diferencia entre las excavaciones anteriores a 1912 y las posteriores, iniciadas por el profesor Spinazzola (…)”(8). Según se desprende de la memoria de actividades que presentó en 1927 tras su regreso de Italia, y aunque no lo indica de forma explícita, Torres Balbás debió estar en contacto con los trabajos de rehabilitación que realizó Giovannoni en el Foro Boario, por lo que en esta fecha ya habrían mantenido, al menos, el primer contacto: “(…) Analizó las restauraciones de las iglesias de Santa María in Cosmedin (…) y San Giorgio in Velabro, en ejecución, visitando los trabajos de esta última en repetidas ocasiones y cambiando impresiones con su director y operarios que la realizaban. Estudió también la restauración del llamado Templo de la Fortuna Viril”(9). Es interesante mencionar las observaciones que realiza Giovannoni en junio de 1926, recogidas en una carta dirigida al Gobernador de Roma Filippo Cremonesi, con respecto a la reordenación de la zona del foro Boario y del Velabro, así como del Campidoglio. En ella patentiza su preocupación por el verdadero significado de los monumentos intervenidos, que fueron liberados de las construcciones adheridas, además de por la situación actual de la urbanística romana, atendiendo a la ordenación del tráfico y a la transitabilidad de la zona: “Quel del foro Boario e del Velabro, studio del l´E V volle affidarmi con benevola fiducia, è tema di altissimo interesse per chi intende il valore degli antichi monumento della Romanità e vede quale significato sia non solo nel restituirli alla pubblica ammirazione, ma altrasì nel portarli a viva formazione d´Arte (…)”(10).




Ilustración 02. Templo de la Fortuna Viril en el Foro Boario, antes y después de su liberación. A) Vista del templo reutilizado como Iglesia de Santa Maria Egiziaca. Veduta de 1780, Aguafuerte de Ducros, A.L.R. y Volpato, G. (En https://safarikartmagazine.com Consulta: 03-04-16). B) Templo de la Fortuna Viril en la actualidad, 2016. Fuente: Foto de la autora.

En Roma, Torres Balbás supo interpretar y asimilar perfectamente el tejido urbanístico, observando con entusiasmo los hitos monumentales y la configuración armónica de sus entornos. Disfrutó de las perspectivas generadas, caprichosas y sorpresivas, cuando las construcciones adyacentes no permitían abarcar con la mirada todo el conjunto (Calderón, 2012). Asistió a las primeras formulaciones de Gustavo Giovannoni sobre el concepto de ambiente, especialmente en el Quartiere del Rinascimento, y absorbió una flamante metodología para estudio de la arquitectura doméstica desde parámetros morfológicos, estructurales y estéticos. Ambos compartían la necesaria interacción que debía realizarse con las fábricas arquitectónicas, conviviendo con los materiales, las gentes y las tendencias autóctonas que las habían generado. Para ellos, el saber mirar y reproducir ambientes mediante apuntes, diseños y bosquejos realizados durante las excursiones y los viajes de campo era un ejercicio fundamental y una práctica didáctica de enorme utilidad. Los estudiantes aprendían en convivencia con el maestro a través de una clase magistral tradicional fuera del aula, lo que sin duda afianzaba el vínculo afectivo entre profesor y alumno.




Ilustración 03. Foto de Gustavo Giovannoni en una excursión académica con sus alumnos de la Escuela de Arquitectura de Roma (Giovannoni aparece de pie con sombrero y barba blanca, el cuarto desde la derecha). 1930 ca. Fuente: CSSAR. FG.




Ilustración 04. Foto del viaje a Mérida de Leopoldo Torres Balbás con sus alumnos de la Escuela de Arquitectura de Madrid. 9 de abril de 1935. Fuente: Hemeroteca ABC.

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