e-rph 19, dic. 16 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 19, diciembre 2016
Difusión | Estudios
 
 
Gustavo Giovannoni y la didáctica de la arquitectura. Recepción en España a través de Leopoldo Torres Balbás | Belén Calderón Roca
 
     

 

1.- Introducción

En la primera década del siglo veinte se asistió a la fundación de la primera escuela de arquitectura italiana: la Scuola Superiore di Architettura di Roma (Scuola Romana)(1). Este acontecimiento anuló la dicotomía existente hasta entonces entre arte y técnica en materia de instrucción, patentizada en la separación de la Scuola di Applicazione per gli Ingegneri y el Istituto di Belle Arti, o las academias. Antes de instaurarse en Italia los estudios de Arquitectura, para ejercer la profesión de arquitecto era necesario formarse previamente en ingeniería, así como recibir formación complementaria en Historia del Arte. Gustavo Giovannoni (1873-1947) constituyó un ejemplo de dicha tradición(2). Su formación procedía de la ingeniería, aunque el bagaje histórico-artístico lo adquirió en la última década del siglo XIX, asistiendo a los cursos de historia del arte medieval y moderna, organizados por Adolfo Venturi (1856-1941) en la Facultad de Letras de Roma. Posteriormente, ingresó junto a algunos compañeros, en la Associazione Artistica fra i Cultori di Architettura (AACAR), centro formativo y sindicato, que albergaba entre sus objetivos principales promover el estudio y realzar el prestigio de la Arquitectura, mediante la estructuración oficial de sus socios. Giovannoni inició su singladura didáctica en la nueva Scuola mediante la enseñanza, entre otras materias, de las asignaturas: “Historia y Estilos de Arquitectura” y más tarde, de “Restauración de monumentos”(3). Desde 1927 ocupó durante ocho años el cargo de Director de la misma, si bien ya había desempeñado durante varios cursos el puesto de profesor asistente en la Escuela de Ingeniería.

Durante los primeros años del siglo veinte, Giovannoni comenzó a frecuentar los círculos de erudición historiográfica, en pleno momento de institucionalización de la Historia del Arte en Italia. La Scuola di Perfezionamento in Studi di Storia dell´Arte fundada por Venturi, se inauguró en durante el curso 1896-97 como nexo de unión entre la Universidad y la Soprintendenze alle Belle Arti. Coincidiendo con la preparación de la primera ley italiana sobre tutela del patrimonio de 1902, esta escuela de estudios histórico-artísticos constituyó un magnífico vehículo para la inserción de la Historia del Arte en el contexto universitario. Es destacable el esfuerzo de Venturi por dar forma estable a esta disciplina –ya universitaria-, institucionalizada sobre bases científicas propias, y adherida por fin, al aparato administrativo. Ello permitió formar a las nuevas y prestigiosas generaciones de historiadores del arte, entre los que destacan: Giulio Carlo Argan, Roberto Longhi y Lionello Venturi (hijo de Adolfo), así como al Soprintendente de Bellas Artes Antonio Muñoz, y, por supuesto, a Gustavo Giovannoni.

2.- La praxis de la didáctica de la arquitectura a través de la restauración urbana: Gustavo Giovannoni y la Scuola romana

Para Giovannoni, el análisis de las fuentes archivísticas y la hermenéutica de diversa índole, se convirtieron en pautas metodológicas indispensables y habituales para enfrentarse al conocimiento del patrimonio construido (Giovannoni, 1916: 11-12). No obstante, los intereses del ingeniero se orientaron de forma expresa hacia la búsqueda de un método verdaderamente científico que permitiese la restauración integral (histórica y material) del edificio y su entorno, tal y como manifestó en su obra Questioni di architettura nella storia e nella vita: “Ma a questo punto sento domandarmi: codesta Storia dell´Architettura, intesa non solo come ricerca di storiche vicende, ma insieme come studio di costruzioni e di forme artistiche, esiste ancora veramente quale disciplina rigorosamente scientifica? Ha il suo metodo di studio sicuramente affermato?” (Giovannoni, 1925: 30).

El tema de la arquitectura doméstica o vernácula constituyó uno de los principales itinerarios didácticos de Giovannoni en la Scuola romana. Éste censuró la libertad con que se intervenía en los edificios menores, abordando en sus lecciones el tema de la devastación de las ciudades y la exigencia de atender a su reparación y restitución, así como la cuestión del ambiente y sus métodos para estudiarlo, que han sido puestos de manifiesto en múltiples ocasiones. Italia no había sido nunca rígida o unitaria en formas arquitectónicas; su imagen había respondido siempre a las condiciones ambientales que se le ofrecían y Roma no era una excepción. Paradigma de infinidad de ensayos y teorizaciones, especialmente durante los años 30 de la pasada centuria, la ciudad eterna fue considerada por muchos autores, como una urbe paisajística y pintoresca, desordenada e irregular, que no fue fundada sobre un esquema geométrico preciso.

Cualquiera que haya visitado Roma y haya recorrido la ciudad más allá de sus hitos emblemáticos, habrá comprobado cómo los diversos edificios que la componen no se presentan ante nuestros ojos en la misma disposición, ni son observables desde el mismo ángulo o perspectiva. En efecto, se proyecta una imagen que proviene de la particular concepción de su estética urbana. Sólo debemos detenernos a observar sus múltiples placitas, las curvas y la confluencia de calles discontinuas y angostas, sus recodos inesperados, los encuentros y desencuentros… Todos ellos desarrollados sin un claro objetivo, adaptándose a las irregularidades de las superficies y al parcelario, a la topografía del terreno y a las necesidades de habitabilidad de cada época. La arquitectura romana se fue edificando salvando los restos arqueológicos y los monumentos, acoplándose de manera caprichosa, aunque por necesidad y sin fricciones con los estilos pasados, componiendo definitivamente mágicos cuadros inherentes a la naturaleza y al pasado (Calderón, 2009). Precisamente sobre estos pilares, Giovannoni propugnaba el respeto hacia los valores de la historia y de la memoria urbana en la arquitectura anónima de las tramas heredadas, que subsistían como fragmentos idosincrásicos y vitales de la ciudad: “I monumenti maggiori della città non hanno soltanto valore intrinseco, ma sono collegati con l´ambiente cittadino che l´evoluzione dei tempi ha pututo mutare, non trasformare radicalmente” (Giovannoni, 1945: 95). Ante todo, defendía la necesidad de respetar las diversas estratificaciones históricas de las construcciones con interés histórico o estético, así como su manutención y su prudente consolidación, afirmando que mantener el carácter local debía convertirse en el sustrato de las nuevas manifestaciones arquitectónicas. La arquitectura menor constituía una herencia, que a través de diversos tiempos y estilos se había edificado en unas determinadas condiciones de clima, materiales y hábitos, plasmando lo que Giovannoni denominaba “el espíritu de la ciudad”. Esta arquitectura doméstica, mal llamada menor, es la más cualificada para reencontrar las calidades propias del ambiente de una ciudad. Algo a lo que debía prestarse atención en las escuelas de Arquitectura para redescubrirlas e interpretarlas. Pero ¿cómo acceder a la interpretación y valoración de dicho espíritu? Sólo a través de la precisa comprensión de los edificios locales, no sólo de los más destacados, sino también y especialmente, de los más humildes, se podría lograr establecer empatía con la ciudad histórica. La arquitectura anónima se halla en íntimo contacto con el carácter étnico de las civilizaciones y en ella encuentran directa expresión los elementos permanentes de un territorio: “Il tema da architettonico diviene qui urbanistico e la composizione da isolata si amplia a divenire collettiva” (Giovannoni, 1937: 206). En su obra, el italiano traspasa el ámbito de la restauración monumental para extenderse a la urbanística. Para ello defiende firmemente un tipo de peritaje mixto que pueda conjugar la valiosísima información aportada por la historiografía, con los datos extraídos de la observación directa de las fábricas. Busca en todo momento un método positivo que pueda proporcionar una variada y completa información gráfica y escrita diversa: relativa a esquemas tipológico-estilísticos, estructurales y plano-volumétricos; a aspectos técnico-científicos, incluyendo anotaciones sobre los sucesos históricos relacionados con el monumento de valor para la ciudadanía, un condicionante permanente del ambiente de los entornos monumentales.




Ilustración 01. Anotaciones de Giovannoni sobre las restauraciones que debían llevarse a cabo en el quartiere del Rinascimento, así como sobre las pinturas murales existentes en diversos edificios del mismo. Roma, s/f. Fuente: CSSAR. FG.

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